martes, 14 de abril de 2015

RELATOS PRESTADOS: "O SACI PERERE"

O SACI PERERE

En cualquier lugar de nuestro Planeta y en cualquier idioma hallamos historias, cuentos, leyendas y mitos que nos hacen recrear la imaginación y disfrutar con la fantasía propia de un niño. Hace un tiempo llegó hasta mí este fabuloso relato del "SACI PERERE". Pertenece a los mitos brasileños y al parecer es mezcla de las diversas culturas que han poblado Brasil. Allí se ha institucionalizado el 31 de octubre como fiesta nacional del Saci Perere, con el loable propósito de preservar los mitos autóctonos ante la invasión de aquellos otros extranjeros que, de forma insolente y continua, están colonizando todo el orbe, como es el caso de "Halooween". Ojalá todos los pueblos de la Tierra pusiesen empeño en mantener historias, leyendas y costumbres y no se dejasen llevar por colonialismos que sólo tienen por finalidad eliminar las señas de identidad de quienes les puedan servir como recurso de explotación. 

O Saci-Pererê é a própria rebeldia, a alegria, a liberdade. Com o processo de colonização cultural via Estados Unidos – uma nova escravidão - foi entrando devagar, na vida das crianças brasileiras, um outro mito, alienígena, forasteiro. O mito do Haloween, a hora da bruxa e da abóbora, lanterna de Jack, o homem que fez acordo com o diabo.
A resistência a cultura norte-americana foi levada tão a sério, que hoje, uma lei estadual garante que o dia 31 de outubro seja titulado Dia do Saci Pererê e não dia das bruxas. São Luís do Paraitinga na cidade de pouco mais de 11 mil habitantes a data é celebrada pela população em grande parte fantasiada como o menino negro. A população ainda se delícia com pratos típicos e uma brincadeira  porém a atração mais esperado é o "passeio sacilístico", que exige muita traquinagem da população e dos turistas, que são desafiados a percorrer o centro histórico, em suas bicicletas, pedalando com uma perna só.  (Laís)

RELATOS PRESTADOS:

Laís Machado Rocha
Corría el año 2011 cuando de manera fortuita conocí a Laís. Ella era estudiante de español y yo me convertí en su maestro a través de una red de estudios on line. Es natural del estado de Sao Paulo (Brasil) y en dicha ciudad reside actualmente.

Laís,  joven enamorada del teatro, de la música y de la cultura popular de su país, me ha hecho llegar este precioso relato del "SACI PERERE" , el que agrego con total complacencia y sumo agradecimiento por el enorme interés que esta bella leyenda brasileña posee para este apartado de "RELATOS PRESTADOS".



                                                                                               
                                                                                               EL SACI PERERE


O Saci-Pererê é uma lenda do folclore brasileiro e originou-se entre as tribos indígenas
do sul do Brasil.
O saci possui apenas uma perna, usa um gorro vermelho e sempre está com um cachimbo na boca.

Inicialmente, o saci era retratado como um curumim endiabrado, com duas pernas, cor morena, além de possuir um rabo típico.

Com a influência da mitologia africana, o saci se transformou em um negrinho que perdeu a perna lutando capoeira, além disso, herdou o pito, uma espécie de cachimbo, e ganhou da mitologia europeia um gorrinho vermelho.

A principal característica do saci é a travessura, ele é muito brincalhão, diverte-se com os animais e com as pessoas. Por ser  muito moleque ele acaba causando transtornos, como: fazer o feijão queimar, esconder objetos, jogar os dedais das costureiras em buracos e etc.

Segundo a lenda, o Saci está nos redemoinhos de vento e pode ser capturado jogando uma peneira sobre os redemoinhos.

Após a captura, deve-se retirar o capuz da criatura para garantir sua obediência e prendê-lo em uma garrafa.

Diz também a lenda que os Sacis nascem em brotos de bambus, onde vivem sete anos e, após esse tempo, vivem mais setenta e sete para atentar a vida dos humanos e animais, depois morrem e viram um cogumelo venenoso ou uma orelha de pau





¿Quién es el Saci Perere?

“El Saci Pererê es una figura brasileña que tuvo su origen en las tribus indígenas del sur de Brasil. La leyenda dice que él es un huérfano que perdió una de las piernas, pero no la alegría. Joven y juguetón, es travieso y bromista, y causa trastornos, como hacer que se queme el feijao, esconder objetos, tirar los dedales de las costureras, etc.  Vive en los bosques haciendo de las suyas a los turistas. El Saci tiene una gorra roja y mágica y puede con esta gorra tener el control de la lluvia y las tormentas. Siempre está con una pipa en la boca.
Con la influencia de la mitología africana, el Saci se transformó en un negro que perdió la pierna luchando capoeira. 
Según la leyenda, el Saci está en los remolinos del viento y sólo puede ser capturado arrojando un cedazo sobre los mismos. Una vez capturado se le debe retirar la capucha para garantizar su obediencia y colocarlo en una botella. Dice también la leyenda que los Sacis nacen en los brotes de bambú, y que en ellos viven siete años. Después de ese período viven setenta y siete más y después mueren y se convierten en un hongo venenoso o en una oreja de palo.
Esta leyenda tiene más de trescientos años, lo cual es mucho para un país de poco más de 500 años como el Brasil.”


 GLOSARIO:

Feijao: (wikipedia) El Feijão tropeiro es un plato típico tradicional de São Paulo (Brasil). El plato consta de fríjoles con harina de mandioca (ingrediente típico y característico de la cocina brasileña)


Capoeira:  Arte marcial brasileño que se practica con acompañamiento musical y que se considera al mismo  tiempo lucha y danza.









Brincadeiras:   juegos.


Abóbora: calabaza.

Cachimbo: pipa para fumar.

Curumim: niño indígena


miércoles, 8 de abril de 2015

RELATOS PRESTADOS: "LOS DIVINOS SEGADORES"




¿Quién, siendo niño/a, no ha volado alguna vez sobre la alfombra mágica de la imaginación, mientras un padre o una madre, un abuelo o una abuela, relataba una historia elaborada a base de ingenio y fantasía, extraídos de lo más profundo del mundo de lo imposible, a la vez que llenaba de encantamiento su mente? Antonio Rubio, con esta bella historia de "LOS DIVINOS SEGADORES", nos recuerda y recrea en esa forma mágica que poseían los mayores para hacer sentir le belleza de la ficción a través de la palabra. Hoy, aunque todo es muy diferente, debiera la Humanidad seguir cultivando ese entrañable espacio de comunicación y contacto entre niños/as y mayores, y nada debiera usurpar ese territorio, único que es ajeno al mundo virtual que todo lo invade. 
Ha sido frecuente la recurrencia de la imaginación popular  a crear cuentos con las figuras de Jesús y san Pedro, siempre desde el respeto, pero con enorme gracejo y con situaciones divertidas  en las que la figura de Cristo aparece como paternal y milagrera y una interesada, algo  indolente y hasta torpe la del Santo.
Sobre Antonio también cabe agregar que fue corresponsal de un periódico provincial y ha compuesto obras teatrales cortas, como "La reconquista de Albox",  "Cosas de celos, pero menos",  "Las andanzas de Canuto" o  "La llave de la felicidad", que han representado sus alumnos en certámenes teatrales. En el 2004 la revista Batarro le publicó "El ángel de la noche y otros cuentos". En la actualidad se halla preparando una obra sobre apodos y diversas anécdotas, a modo de "crónica popular". Siempre ha sido Antonio un auténtico enamorado de las cosas de su tierra y un lomero de "pro".


Antonio Rubio
LOS DIVINOS SEGADORES
Antonio Rubio Fernández

En las noches de invierno, cuando el viento soplaba con furia y era una delicia la seguridad que brindaba el hogar, a una señal de mi padre –ahora me doy cuenta de que mi padre nunca daba órdenes, tal era nuestra compenetración con él que nos bastaba una señal suya para quedar enterados de lo que había que hacer–, mi hermano y yo dábamos las buenas noches y nos encaminábamos al dormitorio; al de mis padres quiero decir. Mi padre se acostaba en el centro de la cama y mi hermano y yo, uno a cada lado. Entonces mi padre decía solemnemente: “¿Por dónde íbamos?” Y así empezaba cada noche una sinfonía, siempre vieja y siempre nueva, de historias maravillosas, más hermosas, mucho más hermosas que esas modernuras de los “cuentacuentos” y otras lindezas por el estilo, que frente al calor y el sentimiento que un padre como el mío ponía en sus relatos, que él iba hilvanando según mostrábamos nuestras preferencias, no se ha inventado todavía sucedáneo digno de ser tenido en consideración.
Las historias duraban una eternidad, pues el libro donde bebía era su fantasía y ésta no tenía límites. De cualquier cosa sacaba tema para armar el cuento.
En cierta ocasión, y esperando a que un amigo acabara de acicalarse, me senté frente al televisor y quedé sorprendido ante lo que veía. Hice las averiguaciones oportunas y aquella película se titulaba “Androcles y el león”, cuya temática coincidía con una de las historias de mi padre. Sólo no encajaba el nombrecito, que Androcles debió parecerle a mi padre algo recio para dos criaturicas de tan tierna edad y lo cambiaría por otro menos sonoro pero más al alcance de nuestros pocos años.
Otra historia bastante larga e intensa fue la de san Felipe Neri, que no entendía yo por entonces el porqué de nombre tan estrambótico –a mí me lo parecía y por eso lo digo–, pues con Felipe a secas la historia no perdía ni un ápice de interés, intriga y belleza. Pero callé, porque con mi padre había que andarse con tiento.
Pasado el tiempo, pude relacionar aquella historia con el oratorio de san Felipe Neri de la calle Cervantes, esquina a la del Caño san Felipe, y que lo que mi padre nos contara no era otra cosa que la vida y andanzas de este santo “cuasi” barrialtero.
Una noche, en la que el viento parecía más enfurecido y el agua bajaba por la calle Salitre con la virulencia de una riada impetuosa, mi padre empezó así:

Esta historia que os voy a contar es verdaderamente verdad y ocurrió cuando Nuestro Señor Jesucristo aún andaba por el mundo.
Iba el Señor por esos campos de Dios en compañía de san Pedro, que, dicho sea de paso y a pesar de ser santo,  era algo quisquilloso y poco amigo de meterse en cuestiones complicadas. Andaban sin rumbo fijo y a san Pedro empezó a picarle el hambre, por lo que dijo a Nuestro Señor:
-Señor, hora es de que proveamos algo a lo que hincar el diente, pues para dos días va que no comemos nada y las tripas empiezan a hablar entre ellas de muy mala manera.
-No te preocupes, Pedro –dijo el Señor–; veremos de arreglar ese asunto.
Iban por un camino flanqueado por dos auténticos muros de sazonadas espigas, pues era el tiempo de la siega. Al poco, a lo lejos, descubrieron un cortijo, todo blanco que daba gloria verlo, y en la puerta un campesino y su mujer que hablaban gesticulando mucho.
Como el Señor conocía el tema y sabía, pues el Señor lo sabe todo como atinadamente dice el catecismo, cuál era la conversación que marido y mujer se traían entre manos, dijo a san Pedro:
-Mira, Pedro, seguro que esos campesinos andan preocupados porque la mies está ya en sazón y posiblemente no encuentren segadores. Así que vamos a ofrecernos nosotros y así tendremos la comida asegurada y un buen jornal.
San Pedro echó una mirada a aquel mar de trigo, que a él le pareció más grande que el mismo mar, y, como no era muy goloso para el trabajo, hizo un mohín de disgusto, pero calló, pues no se atrevía a replicar al Maestro, y con estas llegaron a la puerta del cortijo.
Lo que el Señor había supuesto, lógicamente, es lo que pasaba. Llegaron pronto a un acuerdo, ya que el Señor, como es natural, no era nada avaricioso y quedó ajustado que aquella misma tarde, tras la comida del mediodía, empezarían el trabajo.
Bien comidos y armados con afiladas hoces, los divinos segadores se encontraron frente a aquel muro rubio y rumoroso. Los pajarillos iban y venían buscando los granos que se desprendían de las espigas y la brisilla, suave y cadenciosa, cantaba alabanzas a Dios por entre aquel mar de oro.
-Fíjate, Pedro –decía el Señor–, cómo nuestro Padre Celestial alimenta a las avecillas que ni tienen que sembrar, ni segar, ni trillar…, pero a las que no falta el alimento. O esas hormiguillas, que, laboriosas y sin descanso, transportan, porque así lo dispone Él, el sustento para el crudo invierno…
Y así siguió hablando el Señor, y san Pedro, que tiene el alma cándida de un poeta, escuchaba embelesado, de tal manera que llegó la noche y nada se había hecho del trabajo encomendado.
-Bien –dijo san Pedro–; mañana madrugaremos y recuperaremos lo perdido.
Llegaron, cenaron y se fueron a la cama. Bueno, esto de irse a la cama es una forma de hablar, pues el labriego les había entregado dos jergones de perfollas y les había indicado un cobertizo para descansar. Como la noche era muy calurosa, dejaron la puerta abierta y echaron allí mismo los jergones; san Pedro junto a la puerta y el Señor algo más adentro.
A la mañana siguiente, el campesino madrugó y fue a visitar el tajo y al ver que no habían segado ni un solo haz, volvió al cortijo airado y con una correa la emprendió a correazos con el que más cerca estaba, con lo que san Pedro quedó el pobre magullado.
Volvieron al trabajo, pero, claro, como el Señor también tiene alma de poeta, comenzó con que mira, Pedro, con qué primor nuestro Padre Celestial viste las florecillas del campo; cómo esas abejas, libando sin asomo de pereza el néctar, nos dan la riquísima miel… Total, que llegaron las sombras de la noche y el trabajo sin empezar.
Volvieron, cenaron y a la cama. Pero san Pedro, escarmentado y dolorido por lo ocurrido aquella mañana, dijo:
-Mira, Señor; tengo mis posaderas tan doloridas que esto es un sinvivir, y como temo que mañana pueda ocurrir lo mismo con este iracundo campesino, me pido el jergón de dentro.
Dijo el Señor que bueno, que llevaba razón, y no hubo más que hablar.
A la mañana siguiente todo ocurrió tal y como san Pedro había pensado y el labriego, tomando la correa, se dirigió al cobertizo dándole aire al fatídico instrumento.
-Como ayer zurré al que dormía fuera, hoy le toca al que duerme dentro.
Así dijo el campesino y soltó tal somanta de correazos al bueno de san Pedro que lo dejó hecho una lástima.
Vueltos al lugar de la faena, vino el Señor a extasiarse ante la dulce melodía de las avecillas, acompañadas por el coro que la brisa levantaba del rubio trigal entonando loores al Creador, pero san Pedro, con el miedo en el cuerpo y las posaderas ardiendo ante aquellos correazos que con tanta pericia y arte repartía aquel hombre terrible, de esta manera hablo:
-Señor, nadie duda de la grandeza del Padre Eterno ni de las maravillas con las que, para goce de los hombres, adornó la creación, pero mis posaderas no pueden aguantar más y mucho me temo que ha de ocurrir mañana tal y como ocurriera en las dos precedentes, así duerma fuera como dentro, que este hombre descomunal y violento conmigo parece haberla tomado. Así, Señor, que vamos a dejarnos de contemplaciones y, aunque mi trasero demanda reposo y melecinas, entremos al tajo para ver de amortiguar la cólera del campesino o mis nalgas quedarán definitivamente maltrechas por los siglos.
Sonrió Jesús con esa sonrisa suya que encandila los corazones y, subiendo a una loma desde donde todo el campo se divisaba, extendió sus manos y al punto aquel océano de rubias mieses quedó transformado en múltiples gavillas amontonadas aquí y allá, que hicieron las delicias del campesino cuando, aquella misma tarde, pasó por allí por si aquellos segadores suyos necesitaban una ración extra de “ánimo” antes de acostarse.
Al día siguiente, los divinos segadores reanudaron su camino para seguir repartiendo la bondad entre los hombres, que, tercos y cazurros, a duras penas son capaces de alcanzar un mínimo provecho de este regalo divino.

GLOSARIO:

Modernura: término empleado en el habla popular y que equivale a "modernidad", a decir que algo es novedoso o de actualidad.
Sucedáneo: sustituto, que es similar o parecido.

Androcles: rey de Mesina en el s. VIII a. de C. Se le considera hijo y sucesor del rey Fintas y descendiente de la diosa Afrodita y de faetón.

Acicalarse: arreglarse, asearse, adornarse.
Criaturica: término diminutivo de "criatura". Es bastante usual la terminación "ico/ica" en toda esta comarca. Es un Aragonesismo

Cuasi: equivale a casi y en el diccionario, uno remite al otro. Cuasi es la forma más cercana a la etimología latina "quasi". En realidad se trata del término culto latino.
Barrialtero: natural del Barrio Alto, la parte más antigua del pueblo de Albox.

San Felipe Neri:  apóstol de Roma (1515-1595). Fue fundador de la orden del Oratorio. Nombre de una de las calles de Albox.
Quisquilloso: se dice de la persona que es muy meticulosa y susceptible.
Hincar el diente:morder, dar un mordisco, clavar los dientes en algo
Estar la mies en sazón: la mies (trigo, cevada, avena, centeno) está madura y a punto para la siega.
Mohín: gesto, guiño, mueca que se hace con cara de disgusto.
Jergón de perfollas: colchón relleno con la farfolla del maíz. En esta zona el término "perfolla" es más usado que el de "farfolla". Se trata de la hoja ya seca que cubre el fruto del maíz o panizo.
El Señor y S. Pedro en el cobertizo
Sinvivir: estado de preocupación, angustia e intranquilidad en el que se halla una persona.
Cobertizo: sitio cubierto torpemente para guarecerse de la intemperie.
Zurrar: castigar a alguien con azotes y golpes.
Melecinas: desviación vulgar del término "medicina"
El Señor explica a S. Pedro la belleza de la Naturaleza