EL RATÓN DE CANARIAS
Aunque todos mis oyentes
me acrediten de bufón,
voy a divertir al pueblo
con un chusco notición.
Escuchen todos a una
con silencio y atención
y oígan en breves versos
las hazañas de un ratón.
Desde las Islas Canarias
un amigo me escribió
en el correo pasado
la siguiente relaciión.
Sin saber cómo ni cuándo
un ratón se descubrió
en casa de un tejedor
en el pueblo de Vilaflor.
Durmiendo como un perrazo
estaba el buen tejedor
al tiempo que en los telares
grandes ruidos oyó.
Levántose de la cama
luego un candil encendió
para averiguar la causa
de estrépito tan atroz.
Pero en el mismo instante
que vio la luz el ratón
parece cosa increíble
lo que entonces sucedió.
Dio tan formidable soplo
que candil y tejedor
creo que no han aparecido
porque el aire los llevó.
Y esta es la primera hazaña
del
referido ratón.
Ahora empiezan sus lances,
señores, ahora aquí, chitón,
pues llegó a casa de un sastre
y en su lenguaje pidió
Que le hiciera un pantalón
de muy rico terciopelo
que él al punto le pagaría
aunque costase un millón.
Hízolo el sastre inocente
y al punto sí que lo cobró,
pues con dos pares de coces,
tela y traje le pagó.
Tan recias fueron las coces
que el pobre sastre llevó
que quedó inutilizado
y al tercer día se murió.
A casa de un comerciante
desde allí se encaminó
por creerse más seguro,
libre de persecución.
Halló cerrada la puerta,
pero sin más detención,
de la primera dentellada
la cerradura partió.
Entre dos piezas de paño,
a descansar se acostó,
dejando el paño lo mismo
que redes de un pescador.
Juntáronse diez mil hombres
con armas y munición.
Tiraron fieras descargas
para matar al ratón.
En el hocico le dieron,
cañonazos treinta y dos,
partiendo todas las balas
con los dientes el ratón.
Y fue imposible matarlo,
y aunque la guerra duró
más de dos meses y medio,
el ratón no se rindió.
A la casa de una vieja,
se fue a tomar posesión
y estando en la dicha casa
así habló un mocetón.
"Pueblo todo que me oís,
yo me atrevo a darle muerte
a ese filibustero,
a ese taimado roedor
Para poder hacerlo
tengo por medio mejor,
darle de comer bastante,
queso, tocino y jamón."
Se llevaron a la casa
para la tal operación
ochenta libras de queso
y otras tantas de jamón
Viendo la vieja en su casa
junta tanta provisión
daba saltos de alegría
con notable admiración.
En un pernil del gorrino
hizo su composición,
un brebaje de veneno,
según ella se pensó.
A la hora de la siesta
en la cuadra colgó el pernil
por si el ratón caía
en aquella trampa sutil.
Pero al avispado animal
pronto le dio en la nariz
que lo que la vieja quería
era verlo allí morir.
Al tanto pensó el roedor
en darle el cambiazo al pernil
quitando el emponzoñado
y poniendo el bueno allí.
La vieja ni se enteró
de la burla del ratón
siendo ella la víctima
del implacable roedor.
Amedrantose tanto la gente
que acordaron en contubernio
dar muerte a aquel bichejo
aunque fuera en el infierno.
Llegáronse a los Realejos
y también a la Orotava
en busca de bravos felinos
que pusieran fin a la trama.
Mas el pícaro animal
sintiéndose acorralado
urdió el mayor pérfido plan
que se hubiese imaginado.
Colocose el muy truhán
un pequeño cascabel
y con suma gallardía
al gato mayor fue a ver.
Hablole seriamente
el minúsculo animal
invitando a que se fueran
si no querían funeral.
Tan serio se puso el tema
pues mostró el ratón al gato
el camino del infierno
si no se avenía a buen trato.
Advirtiole que al instante
aparecerían más de mil canes
llagados de toda la isla
y acabarían con los planes.
Dijole el ratón al señor gato:
"con los perros confabulé
que aquí no habrá un solo gato
que vaya sin cascabel"
Los mininos, por si las moscas,
pusieron pie en polvorosa,
achacando esta escapada
a lo fea que estaba la cosa.
Dejó de estar acorralado
por las huestes del lugar
ya que todos le temían
como si fuera Satán.
Y así nuestro amigo el roedor
de la situación se adueñó,
y de todos fue conocido
como el ratoncillo cabrón.
Anónimo