Así es -dijo Sancho- pero tiene el miedo muchos ojos, y ve las cosas debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo. ( Miguel de Cervantes )
Al muy ilustrado señor don Diego de la Caparrota de éste su servidor el Candil de la Fuentecica. Ante todo direle que me avergüenza un tanto la historia que de seguido le relato, pero con la confianza que me otorga su discreción y prudencia, hágosela llegar, confesándole que en aquel momento vivila con miedo, y hasta me aventuraría a manifestar que con terror incluso. No exagero si le digo que desde mi más corta edad fui extremadamente miedoso. No sé si ello será hereditario, pues es mi madre la persona más asustadiza y aprensiva que tal vez haya, haya habido o habrá y, sin duda, me lo contagia o atiza cuando su voluntad es la de apartarme de alguna pretensión mía y que ella considere peligrosa, atrevida o desconocida.
Sólo ha unos días, muy de madrugada, hube de acompañarla para acercar a mi abuela hasta el pueblo ya que tomaría la alsina de los "Cananos" con el fin de viajar hasta Vera y allí visitar a la Tía Veneno. Es ésta una mujer curandera y milagrera que con rezos, conjuros y sortilegios, dícese, remedia ciertos males, según hablan las gentes. Yo quiero confesar a su merced que jamás creí en tales esotéricos poderes.
El caso es que de regreso, tan sólo ya mi madre y yo, aún en plena noche, pero con una luna que inundaba nuestro espacio de gran claridad, apreciándose todo con suma nitidez, sacó ella a colación una noticia que por esos días andaba metiendo el miedo en el cuerpo a las gentes de este lugar. Tratábase la misma de que por aquí andaba, tan suelto como San Juan por sus viñas, un orangután. Ella es tan miedosa que durante todo el recorrido sólo veía orangutanes por todas partes, de tal manera que cualquier sombra de árbol, arbusto o matojo, así como ruido que oyese, por leve que aquel fuere, quedaba automáticamente transformado en el tan salvaje animal, transmitiéndome a mí la misma turbación y pánico. En el largo espacio que desde el pueblo hasta donde residimos hay, creí ver y oír tantos orangutanes como puedan hallarse en las mismísimas selvas de Indonesia, pues no había elemento de la Naturaleza que no fuese para nosotros otra cosa que el monstruoso animal.
Cuando ya el trayecto se abreviaba y, en vista de que el dichoso simio no daba la cara, supliqué a mi madre se dejase de miedos ya que si el tal "monito" andaba por aquí, estaría en siete sueños y no persiguiéndonos o burlándose de nosotros. Hízome caso, no sé si por convencimiento o porque yo dejase de sufrir, y se puso a relatarme el cuento de "LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS" que, no le miento si le digo que más me impresionó aun que lo del animal, pues todo aquello que tiene que ver con los difuntos, me horroriza. No me resisto a dejar el cuento sólo para mí sin hacérselo llegar, aunque, a buen seguro que toda esta historia le causará a vuesa merced mofa y chanza. Pero no importa, porque,... ¿sabe qué pienso?, que no tiene por qué avergonzar una sensación que está en nosotros, en nuestra mente y que, a veces, cuando más combatimos, más agiganta su figura. Confiésole igualmente que la tal sensación intento burlarla y espantarla, pero mucha es la duda que albergo sobre la eficacia. Tiempo habrá para que le hable sobre los logros, si los hubiere. Por el momento, no lo comente a nadie, pues es tema éste que sólo da pie a la chufla, por la mucha cobardía mostrada y la no menos ignorancia.
Su leal amigo
Su leal amigo
El Candil de la Fuentecita
LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS
Había una vez una joven que era huérfana de padre y de madre. Vivía sola y sentía miedo de todo, pero nada sabía hacer para evitarlo. Al contrario, éste iba en aumento y, ante cualquier ruido, ante lo desconocido, ante todo lo que juzgaba peligroso o amenazante y que ella ignoraba, se cernía de miedo, temblaba asustada como un corderillo amenazado por lobos.
Cierto día iba por una plaza y se le acercó un mozuelo para pedirle relaciones. Ella, siempre huidiza y asustada, no se atrevió a decir que no, pues pensaba que si lo hacía, le haría daño.
Al cabo de un tiempo se le acercó otro chico que igualmente le pidió que fuese su novia. Ella no sabía qué hacer ni decir, pues ya se había comprometido a ser novia del anterior. Pero, era tanto el pánico que le entró, que tampoco se atrevió a decir que no. Mas no todo quedó en eso, pues era muy guapa y gustaba mucho a los jóvenes siendo raro que hubiese alguno en la aldea que no se hubiese fijado en ella. No había pasado tiempo cuando, yendo por una plaza, se le acercó otro chico que también solicitó ser su novio y, claro, como el miedo la acobardaba, tampoco en esta ocasión dijo que no.
Así que, sin pretenderlo ni desearlo, se encontró con tres novios. Desde entonces no dejó de llorar y llorar como una magdalena.
-¿Qué será de mí?- se preguntaba muy atribulada. -¿Cuál de ellos me matará?
Estando cierto día, sentada en el portalico de su casa, llorando desconsolada, acertó a pasar por allí una viejecilla que, al verla de aquella forma, le preguntó:
-¿Por qué lloras, chiquilla? ¿Qué te ocurre?
Ella no quería decirlo a nadie, pues si llegaba a oídos de los novios entonces sí que se iba a meter en un buen lío. Pero, por otra parte, sabía que ya estaba metida y que era preferible escapar como fuera de aquel callejón sin salida, fuese viva o muerta. Y como el que se coge a un clavo ardiendo, le dijo a la vieja:
-Buena señora, es que me han salido tres novios y no sé qué hacer. Tengo mucho miedo y si a alguno de ellos le digo que no, me matará.
-Bah, no te apures-, le contestó la mujer.- Mira, tú le vas a proponer a cada uno de ellos lo que yo te diga y si no son capaces de hacerlo les dices que no puedes ser su novia ni casarte con ninguno de ellos.
La chica estuvo de acuerdo con la propuesta de la mujer, pues comprendía que no tenía otra forma de terminar con aquella terrorífica situación. Así que se dispuso a escuchar a la viejecilla, que le dijo:
-Le dices al primero que si es capaz de hacerse el muerto y meterse en un ataúd y estar allí toda la noche, te casarás con él, pero que si no es así, que se busque otra novia.
La chica no salía de su asombro por la propuesta que le hacía la mujer. Ésta continuó:
-Al segundo le dices que si es capaz de estar solo y a oscuras velando un muerto toda una noche, te casarás con él, pero que si no es capaz, que se vaya con viento fresco a buscar otra novia.
La chica estaba admirada con las propuestas que la mujer le estaba haciendo, a la vez que veía en ello la forma de escapar de aquel problema.
Ya por último, la mujer dijo:
-Al tercero le dices que sólo te casarás con él si es capaz de robar un muerto.
Y dicho y hecho, pues la chica fue sin tardanza a hablar con cada uno de los novios, y planteando a cada uno lo que debía hacer, sin que los demás lo supiesen, por supusto. A la noche siguiente el primero se fue al lugar que ella le había dicho y se metió en el ataúd. Luego vino el otro y se puso a velarlo. Al cabo de un rato llegó el tercero, dispuesto a robar el muerto. La noche era muy oscura y con una terrible tormenta. Sólo se escuchaba el aullido de los lobos mezclado con la luz cegadora de los relámpagos y el estrundo de los truenos. Los tres estaban muertos de miedo. El que tenía que robar veía que el que guardaba al muerto no se dormía y no sabía cómo hacer para poder llevárselo. Decidió por fin ponerse una vela en la boca, sujetándola con los dientes, encendida por sus dos extremos y también colocó una más en cada mano. Se puso enfrente de la puerta de la habitación, a ver si así se asustaba el que velaba y se iba. Y vaya que se asustó, pues al ver esto, dio un enorme grito y salió huyendo a la vez que decía:
-¡El demonio, el demonio viene a por el muerto!
El muerto que lo oyó, pero que no estaba muerto, dio tal salto del ataúd que a punto estuvo de matarse de verdad contra la puerta del terrible golpe que se dio. Fue tanto el estruendo que los tres salieron que se las pelaban, cada uno para su casa y nunca más se les vio el pelo ni molestaron más a la chica que pudo vivir tranquila y así fue como perdió el miedo, gracias a la viejecilla.
Y aquí acaba el cuento con sal y pimiento y "colorín colorado" que el cuento se ha acabado.
GLOSARIO:
Poder esotérico: oculto, escondido, secreto, enigmático, misterioso, impenetrable.
Meter el miedo en el cuerpo: estar muy asustado
Sacar a colación: "salió a relucir el tema", "se trató el tema", "hablamos de..."
Sacar a colación: "salió a relucir el tema", "se trató el tema", "hablamos de..."
Andar suelto como San Juan por sus viñas: expresión muy popular que indica que alguien vive sin que lo controlen ni dirijan.
Orangután: Los orangutanes son un género de grandes simios junto a los gorilas y chimpancés. Los orangutanes poseen largos brazos y pelo rojizo, a veces marrón. Los ejemplares machos llegan a pesar más de 120 kilos. Son nativos de Malasia e Indonesia.
Orangután: Los orangutanes son un género de grandes simios junto a los gorilas y chimpancés. Los orangutanes poseen largos brazos y pelo rojizo, a veces marrón. Los ejemplares machos llegan a pesar más de 120 kilos. Son nativos de Malasia e Indonesia.
Estar en siete sueños: estar tan profundamente dormido que nada es capaz de despertarlo.
Chufla: burla, guasa, broma.
Chufla: burla, guasa, broma.
Cernerse de miedo: temblar de miedo.
Pedir relaciones: expresión que indica que alguien solicita una relación de noviazgo.
Llorar como una magdalena: expresión que viene a indicar que alguien llora tanto como lo hiciera María Magdalena.
Cogerse a un clavo ardiendo: cuando alguien se acoge a lo que sea, sin importarle, con tal de conseguir algo.
Izquierda: orangután Derecha: curandera
Izquierda: chica con miedo Derecha: chica con novio
Izquierda: velatorio Derecha: noche de tormenta