martes, 28 de febrero de 2012

LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS

Así es -dijo Sancho- pero tiene el miedo muchos ojos, y ve las cosas debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo. ( Miguel de Cervantes )

Al muy ilustrado señor don Diego de la Caparrota de éste su servidor el Candil de la Fuentecica. Ante todo direle que me avergüenza un tanto la historia que de seguido le relato, pero con la confianza que me otorga su  discreción y prudencia, hágosela llegar, confesándole que en aquel momento vivila con miedo, y hasta me aventuraría a manifestar que con terror incluso. No exagero si le digo que desde mi más corta edad fui extremadamente miedoso. No sé si ello será hereditario, pues es mi madre la persona más asustadiza y aprensiva que tal vez haya, haya habido o habrá y, sin duda, me lo contagia o atiza cuando su voluntad es la de apartarme de alguna pretensión mía y que ella considere peligrosa, atrevida o desconocida.
Sólo ha unos días, muy de madrugada,  hube de acompañarla para  acercar a mi abuela hasta el pueblo ya que tomaría la alsina de los "Cananos" con el fin de viajar hasta Vera y allí visitar a la Tía Veneno. Es ésta una mujer curandera y milagrera que con rezos, conjuros y sortilegios, dícese,  remedia ciertos males, según hablan las gentes. Yo quiero confesar a su merced que jamás creí en tales esotéricos poderes.
El caso es que de regreso, tan sólo ya mi madre y yo, aún en plena noche, pero con una  luna que inundaba nuestro espacio de gran claridad, apreciándose todo con suma nitidez, sacó ella a colación una noticia que por esos días andaba  metiendo el miedo en el cuerpo a las gentes de este lugar. Tratábase la misma de que por aquí andaba, tan suelto como San Juan por sus viñas, un orangután. Ella es tan miedosa que durante todo el recorrido sólo veía orangutanes por todas partes, de tal manera que cualquier sombra de árbol, arbusto o matojo, así como  ruido que oyese, por leve que aquel fuere, quedaba automáticamente transformado en el tan salvaje animal, transmitiéndome a mí la misma turbación y pánico. En el largo espacio que desde el pueblo hasta donde residimos hay, creí ver y oír tantos orangutanes como puedan hallarse en las mismísimas selvas de Indonesia, pues no había elemento de la Naturaleza que no fuese para nosotros otra cosa que el  monstruoso animal.
Cuando ya el trayecto se abreviaba y, en vista de que el dichoso simio no daba la cara, supliqué a mi madre se dejase de miedos ya que si el tal "monito" andaba por aquí, estaría en siete sueños y no persiguiéndonos o burlándose de nosotros. Hízome caso, no sé si por convencimiento o porque yo dejase de sufrir, y se puso a relatarme el cuento de "LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS" que, no le miento si le digo que más me  impresionó aun que lo del animal, pues todo aquello que tiene que ver con los difuntos, me horroriza. No me resisto a dejar el cuento sólo para mí sin hacérselo llegar, aunque,  a buen seguro que toda esta historia le causará a vuesa merced mofa y chanza. Pero no importa, porque,... ¿sabe qué pienso?,  que no tiene por qué avergonzar una sensación que está en nosotros, en nuestra mente y que, a veces,  cuando más combatimos, más  agiganta su figura. Confiésole igualmente que la tal sensación intento burlarla y espantarla,  pero mucha es la duda que albergo sobre la eficacia. Tiempo habrá para que le hable sobre los logros, si los hubiere. Por el momento, no lo comente a nadie, pues es tema éste que sólo da pie a la chufla, por la mucha cobardía mostrada y la no menos ignorancia.
Su leal amigo

El Candil de la Fuentecita

             LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS

Había una vez una joven que era huérfana de padre y de madre. Vivía sola y sentía miedo de todo, pero nada sabía hacer para evitarlo. Al contrario, éste iba en aumento y, ante cualquier ruido, ante lo desconocido, ante todo lo que juzgaba peligroso o amenazante y que ella ignoraba, se cernía de miedo, temblaba asustada como un corderillo amenazado por lobos.
Cierto día iba por una plaza y se le acercó un mozuelo para pedirle relaciones. Ella, siempre huidiza y asustada, no se atrevió a decir que no, pues pensaba que si lo hacía, le haría daño.
Al cabo de un tiempo se le acercó otro chico que igualmente le pidió que fuese su novia. Ella no sabía qué hacer ni decir, pues ya se había comprometido a ser novia del anterior. Pero, era tanto el pánico que le entró, que tampoco se atrevió a decir que no. Mas no todo quedó en eso, pues era muy guapa y gustaba mucho a los jóvenes siendo raro  que hubiese alguno en la aldea que no se hubiese fijado en ella. No había pasado tiempo cuando, yendo por una plaza, se le acercó otro chico que también solicitó ser su novio y, claro, como el miedo la acobardaba, tampoco en esta ocasión dijo que no.
Así que, sin pretenderlo ni desearlo, se encontró con tres novios. Desde entonces no dejó de llorar y llorar como una magdalena.
-¿Qué será de mí?- se preguntaba muy atribulada. -¿Cuál de ellos me matará?
Estando cierto día, sentada en el portalico de su casa, llorando desconsolada, acertó a pasar por allí una viejecilla que, al verla de aquella forma, le preguntó:
-¿Por qué lloras, chiquilla? ¿Qué te ocurre?
Ella no quería decirlo a nadie, pues si llegaba a oídos de los novios entonces sí que se iba a meter en un buen lío. Pero, por otra parte, sabía que ya estaba metida y que era preferible escapar como fuera de aquel callejón sin salida, fuese viva o muerta. Y como el que se coge a un clavo ardiendo, le dijo a la vieja:
-Buena señora, es que me han salido tres novios y no sé qué hacer. Tengo mucho miedo y si a alguno de ellos le digo que no, me matará.
-Bah, no te apures-, le contestó la mujer.- Mira, tú le vas a proponer a cada uno de ellos lo que yo te diga y si no son capaces de hacerlo les dices que no puedes ser su novia ni casarte con ninguno de ellos.
La chica estuvo de acuerdo con la propuesta de la mujer, pues comprendía que no tenía otra forma de terminar con aquella terrorífica situación. Así que se dispuso a escuchar a la viejecilla, que le dijo:
-Le dices al primero que si es capaz de hacerse el muerto y meterse en un ataúd y estar allí toda la noche, te casarás con él, pero que si no es así, que se busque otra novia.
La chica no salía de su asombro por la propuesta que le hacía la mujer. Ésta continuó:
-Al segundo le dices que si es capaz de estar solo y a oscuras velando un muerto toda una noche, te casarás con él, pero que si no es capaz, que se vaya con viento fresco a buscar otra novia.
La chica estaba admirada con las propuestas que la mujer le estaba haciendo, a la vez que veía en ello la forma de escapar de aquel problema.
Ya por último, la mujer dijo:
-Al tercero le dices que sólo te casarás con él si es capaz de robar un muerto.
Y dicho y hecho, pues la chica fue sin tardanza a hablar con cada uno de los novios, y planteando a cada uno lo que debía hacer, sin que los demás lo supiesen, por supusto. A la noche siguiente el primero se fue al lugar que ella le había dicho y se metió en el ataúd. Luego vino el otro y se puso a velarlo. Al cabo de un rato llegó el tercero, dispuesto a robar el muerto. La noche era muy oscura y con una terrible  tormenta. Sólo se escuchaba el aullido de los lobos mezclado con la luz cegadora de los relámpagos y el estrundo de los truenos. Los tres estaban muertos de miedo. El que tenía que robar veía que el que guardaba al muerto no se dormía y no sabía cómo hacer para poder llevárselo. Decidió por fin ponerse una vela en la boca, sujetándola con los dientes, encendida por sus dos extremos y también colocó una más en cada mano. Se puso enfrente de la puerta de la habitación, a ver si así se asustaba el que velaba y se iba. Y vaya que se asustó, pues al ver esto, dio un enorme grito y salió huyendo a la vez que decía:
-¡El demonio, el demonio viene a por el muerto!
El muerto que lo oyó, pero que no estaba muerto, dio tal salto del ataúd que a punto estuvo de matarse de verdad contra la puerta del terrible golpe que se dio. Fue tanto el estruendo que los tres salieron que se las pelaban, cada uno para su casa y nunca más se les vio el pelo ni molestaron más a la chica que pudo vivir tranquila y así fue como perdió el miedo, gracias a la viejecilla.
Y aquí acaba el cuento con sal y pimiento y "colorín colorado" que el cuento se ha acabado.

GLOSARIO:

Poder esotérico: oculto, escondido, secreto, enigmático, misterioso, impenetrable.
Meter el miedo en el cuerpo: estar muy asustado
Sacar a colación: "salió a relucir el tema", "se trató el tema", "hablamos de..."
Andar suelto como San Juan por sus viñas: expresión muy popular que indica que alguien vive sin que lo controlen ni dirijan.
Orangután: Los orangutanes son un género de grandes simios junto a los gorilas y chimpancés. Los orangutanes poseen largos brazos y pelo rojizo, a veces marrón. Los ejemplares machos llegan a pesar más de 120 kilos. Son nativos de Malasia e Indonesia.
Estar en siete sueños: estar tan profundamente dormido que nada es capaz de despertarlo.
Chufla: burla, guasa, broma.
Cernerse de miedo: temblar de miedo.
Pedir relaciones: expresión que indica que alguien solicita una relación de noviazgo.
Llorar como una magdalena: expresión que viene a indicar que alguien llora tanto como lo hiciera María Magdalena.
Cogerse a un clavo ardiendo: cuando alguien se acoge a lo que sea, sin importarle, con tal de conseguir algo.

                       
                     Izquierda: orangután    Derecha: curandera
        
                  
               Izquierda: chica con miedo   Derecha: chica con novio

             
                 Izquierda: velatorio      Derecha: noche de tormenta

lunes, 20 de febrero de 2012

EL SECRETO DE MARI


"Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse." (Baltasar Gracián)

A mi mentor y protector don Diego de la Caparrota. Mi querido señor don Diego, pasa el tiempo y no llegan  noticias de vuesa merced. Nosotros andaríamos anclados en la monotonía si no fuese porque, en llegando las fiestas de Carnaval, tórnase el ambiente en festivalero y desenvuelto, teniendo mucho de mundano, locuaz y descaradamente carnal. La sempiterna lucha entre la carne por imponer sus pasiones y el espíritu por reprimirlas, hácese presente en estas fechas más que en ningunas otras. Viniendo a cuento de esto, referirele  algo que me ruboriza, pero que sólo a vos seré capaz de contar. Aconteciome años atrás y fue en uno de los tantos acompañamientos que he hecho a mi tía Ana. Todo ocurrió en una visita que hiciéramos a una joven en Cuevas de Zújar  y que, en breve,  habría de partir hacia la Argentina. Fue ello con el fin de hacerle encomienda de un pequeño encargo para  entregar a una hermana en aquel país.
Una vez  llegamos al pueblecillo, dirigimosnos a una pequeña vivienda cueva en la que habitaba Lucía, -éste es  el nombre de la joven-, la cual  asombrose y alegrose, por igual, de nuestra llagada.  Pareciome la chica la  imagen misma de Venus, por su cuerpo divino, rostro de belleza incomparable, tez blanca, ojos negros como la broneta y  pelo castaño, ligeramente ondulado. Pienso que ni el mismo Praxiteles se atrevería a esculpir tal imagen, por ser inalcanzable. Debía andar por no más de unos veinte años. Mi tía es  conocida suya y amiga fue de sus padres, los cuales habían fallecido en Aragón, por más decir, en Zaragoza, según manifestó la joven. Ella había llegado a Zújar  por tener familiares en dicha localidad, pero era tan precaria su situación y tan desesperanzado su porvenir que tenía decidido emigrar con otros parientes al ya mencionado país de América.
Así que fueron los saludos, pasaron  ellas la tarde charlando de unas cosas y otras y, ya  avanzado el día, llegó un momento que jamás olvidaré y, de no ser efímero todo lo humano, habría querido fuese eterno. Sacó primero la joven  unos romances que en la lejilla de la cocina  había. Tomome luego en su regazo, y allí, en su halda, pegado a su pecho, con su resuello humedeciendo mi colodrillo, al ritmo lento del vaivén que su respiración producía en su vientre, fui leyendo, en voz alta, algunos de aquellos papeles. Pidíeronme  que lo hiciese por la enorme gracia que les producía el que, a  mi corta edad, imitase  a los romanceros. Mejor habría deseado hacerlo aun y que no hubiese llegado jamás el fin de aquella lectura, por el feliz  estado en el que encontrábame.  Suplicome  luego mi tía les recitara unas cancioncillas que ella  me había enseñado y que yo hice con mucho agrado y el  desparpajo que pude. Dicen así, don Diego:   
                                                                                       
            Niña, ya debes casarte                   Si usted me diera palabra
            que se te pasa el centeno,              de ser fino segador,
            que tienes una cañada                   entraría en mi cañada
            que yo de balde la siego.                segando a ras de terrón,
            Si quieres vengo mañana.              trigo, centeno y cebada.  
                                                                                                    
Con las mismas crecieron risas y vaivenes, siendo agasajado por los comentarios de ambas, pero fue lo más  importante para mí  aquel extraño sentir, jamás conocido y,  a fe mía, lujurioso, pues hervíame la sangre y era tan excitante que conmigo llevarelo hasta el final de mis días. Y no acabose todo en eso, pues sepa su merced que hubimos de dormir los tres en un pequeño catre, con colchón de perfolla, ya que otra cama  no había. Pusieronme en medio de ambas y confiésole  que no sé si dormí o sólo fue  un sueño lo mío. Abraceme a Lucía y soñaba flotar con ella más allá de los mares. Mi cuerpo temblaba, no sé si de emoción, de pasión o de fiebre, al contacto con el suyo, con su pecho, con su vientre, con sus piernas. Es esto pecado, ¿verdad, don Diego? Mi espíritu anda turbado por no saber si eludiré los rigores del  infierno, pues para mi abuela y para la religión no escapan de él aquellos a quienes cosas así acontecen. Dígame su merced lo que piensa y si habrelo de confesar, pues no sé si fue culpa lo mío, y ando llevando esta carga demasiado tiempo.  Suplícole me aclare esta duda que me confunde y perturba. A mi abuela no podría contarlo, pues su condena sería implacable. Para ella y para los curas sólo ésto es pecado y no tanto otras maldades que en el mundo se cometen.
Direle que así que llegó la mañana siguiente, debimos retornar. Era aquel día martes de  Carnaval y, en llegando a Albox, se apreciaba por doquier la algarabía de las máscaras, la música, las risas, las extravagancias y cómo en  el ambiente flotaban sensaciones y pasiones que en tan sólo unos días la Cuaresma curaría o, al menos, sí que aplacaría.  Somos humanos, mi señor. Nada tenga en cuenta a este su humilde servidor, ayúdele con su sabiduría y discreción a salir de la  tenebroso desconcierto en el que se halla,  y no deje de leer este bello romance con el que Lucía me obsequió.
Siempre suyo

El Candil de la Fuentecica

                                    EL SECRETO DE MARI

                       Sufrimiento de una joven que por salvar la honra de
                  su madre tiene que pasar por madre siendo virgen. 

                                 Pongan atención señores
                                 que les vamos a explicar
                                 el caso más admirable
                                 que soñó la humanidad.

                                 De una joven y su madre
                                 que vivían desahogadas
                                 porque el padre siempre estaba
                                 de viaje por el mar.

                                 Era capitán de un barco
                                 dedicado al bacalao
                                 y echaba largos meses
                                 por los mares alejado.

                                 La esposa que conservaba
                                 su juventud y su belleza
                                 un caballero muy rico
                                 por la mujer se interesaba
                                 y a fuerza de muchos golpes
                                 las piedras son quebrantadas.

                                 Esta mujer con el tiempo
                                 del amor y la vergüenza
                                 despierta su corazón
                                 y a su hija santa y buena
                                 así el caso le explicó.

                                 Ella con lágrimas le dice
                                 yo me voy a ir de aquí
                                 porque no quiero que mi vergüenza
                                 caiga en tu padre y en tí.

                                 Y la hija le contesta
                                 de mi lado no te irás
                                 que Dios como poderoso
                                 todo lo puede arreglar.

                                 Ya transcurrieron los meses
                                 y el 22 de septiembre
                                 tuvo un niño tan hermoso
                                 que daba gozo de verle.

                                 Cuando pasaron tres días
                                 que el niño en el mundo estaba
                                 recibieron la noticia
                                 de que su marido llegaba.

                                 Cuando tuvo la noticia
                                 esta madre con dolor
                                 con su hijo en brazos quiso
                                 tirarse por el balcón.

                                Pero le dice la hija
                                entra en el deber y el amor
                                yo diré que el niño es mío
                                y así se salvará tu honor.

                                Llegó el padre y vio al niño
                                en los brazos de su hija
                                al enterarse la echó
                                como una cosa maldita.

                                        Segunda parte

                                 Quiero que de aquí te vayas
                                 que me has echado un borrón
                                 has deshonrado mi casa
                                 y no mereces mi perdón.

                                 Y se marchó de su casa
                                 llevando al niño en los brazos
                                 con qué dolor pediría
                                 leche para alimentarlo.

                                 Y al enterarse su novio
                                 él también la maldecía
                                 siendo la joven tan virgen
                                 poco menos que María.

                                Transcurrieron varios días
                                de fatigas y dolor
                                y en la orilla de un camino
                                trastornada se quedó.

                                Al poco pasaba un coche
                                paró y los recogieron
                                al hospital provincial
                                a los dos me los metieron.

                                El niño lo alimentaron
                                y ella también mejoró
                                por obra de caridad
                                de enfermera se quedó.

                                Transcurrieron varios meses
                                un día una señora entraba
                                enferma de gravedad
                                que salvarla no contaban.

                                Pero al verla la enfermera
                                un grito al cielo exclamó
                                y la besaba diciendo
                                madre de mi corazón.

                                El padre estaba presente
                                el novio y varios amigos
                                viendo el cuadro de dolor
                                y de amor enternecido.

                                La pobre había enfermado
                                del mismo remordimiento
                                y todo lo descubrió
                                en los últimos momentos.

                                Decir donde está mi hijo
                                y la hija se lo entregó
                                y cuando lo había besado
                                le entregó su alma a Dios.

                                Le dijo el novio a su madre
                                yo me casaré con ella
                                que por salvar a su madre
                                ha pasado por mala ella.

                                 Nos llevaremos al niño
                                 y en nuestra casa se cría
                                 y le diremos que es el hijo
                                 del secreto de María.

                                               FIN

                         
Composición y letra de Francisco Martínez. 

GLOSARIO:
Vivienda cueva: en esta zona de Andalucía hay poblaciones que tenían y aún tienen viviendas excavadas en cerro o montaña.
Leja de la cocina: pequeña repisa que se suele situar sobre la cocina de la chimenea y en la que se colocan pequeños objetos, decorativos o domésticos.
Praxiteles:  (griego antiguo: Πραξιτέλης) de Atenas, hijo de Cefisodoto el Viejo. Fue el más renombrado escultor clásico ático del siglo IV a. C.
Broneta: es conocido en este lugar como color negro intenso. Aparece en la ley promulgada por las Cortes de Valladolid de 1258 así  "...que nengun escudero non traya peña blanca, nin calzas de escarlata, nin verde, nin broneta, nin pres, nin morete, nin lorange, nin rosada..."
Regazo: halda. Parte del cuerpo entre la cintura y las rodillas al estar sentada una persona
Halda: regazo de la persona
Resuello: aliento, respiración.
Colodrillo: Parte posterior e inferior de la cabeza. Zona del cuello junto a la nuca.
Desparpajo:  suma facilidad y desenvoltura en el habla o en el comportamientro.
De balde: hacer algo totalmente gratis.
A ras de terrón: a ras de suelo. Junto al suelo, pegado al suelo.
Lujurioso: lascivo, concupiscente, ardiente, erótico.
Catre: Cama estrecha y ligera, en general para una sola persona. Solía tener patas de madera y el somier era de trenzado de soga de esparto o algún otro material.
Colchón de perfolla: hoja seca que envuelve la panocha o mazorca del maíz o panizo. Solía usarse como relleno de colchón.
Algarabía:  griterío confuso de varias personas que hablan a un tiempo. Palabra cuya etimología se relaciona con el árabe "al‑ arabiyya", que, en principio significó "lengua árabe"
Echar un borrón: aquí aparece con el significado de echar una mancha o deshonra en la familia.

                      
                       Izquierda: viviendas-cueva.   Derecha: mujer con niño en el halda
     
                  
                            Izquierda: cocina-chimenea con leja   Derecha: imagen de carnaval
  
                  
                                   Izquierda: catre      Derecha: imagen de don Carnal y doña Cuaresma

martes, 14 de febrero de 2012

PERÚ Y EL GIGANTE

“La gran astucia de unos consiste a menudo en la estupidez de otros”. 
  (H. Maret)

A don Diego de la Caparrota, de éste su fiel deudo, el Candil de la Fuentecica.  Tras aquella su pregunta acerca de cuantos podían ser  los cuentos de Perú que por aquí se narran,  confiésole  sentirme en gran aprieto, pues hay quienes dicen ser dos los que se cuentan, mientras que también hay quienes dicen ser  tres. Éste su servidor no sabe a qué carta quedarse y anda como loco en busca de respuesta fiable. Hallándome  en esta incertidumbre decidí buscar respuesta clara y qué mejor que acudir a quien más precisa cuenta pudiera darme de ello. Por tal motivo acudí al horno de la tía Narcisa, pues allí, cada jueves,  llévase a cabo el ritual de cocer el pan. Yo acudo siempre que mi madre me lo permite, aunque, a veces, dice que“no está el horno para bollos”, dejándome claro con tal expresión que anda enojada y no habrá permiso. Pero de doblegar su voluntad encárgase mi tía Anita que, en saliendo para cualquier parte, gusta  que la acompañe adondequiera que vaya. Cuando muy de chico enseñábame  adivinanzas y cancioncillas de cierta picardía  que ella me mandaba repetir, si la situación lo permitía, cuando íbamos de visita, provocando así risa y  divertimento. Recuerdo una que decía:

                               Estate quieto, Vicente,
                               que está mi madre en el horno,
                               y  pasa por la calle gente
                               y  va a sentir el trastorno.

 Así es siempre ella. Bueno, direle que el horno de la tía Narcisa es lugar  oscuro, cerrado, y que puede que en otro tiempo sirviera de vivienda, pero que ahora, además de horno, es lugar en el que se halla todo tipo de trastos y herramientas. Mas  no es allí donde tiene lugar el amasijo, sino sólo su cocimiento.  Yo disfruto observando el tejemaneje de los mayores en la elaboración del pan, que para nosotros es alimento sagrado,  fíjese hasta qué punto que siempre, antes de empezar uno, marcámoslo con la señal de la cruz.  Pero, en especial, disfruto allí escuchando los relatos de mi tío abuelo, “Diego el Chorroluces”.  Encárgase él del caldeo del horno y es  en ese tiempo cuando aprovecho para suplicarle me cuente  bellas historias y cuentos. Son para mí, los suyos, los más maravillosos jamás escuchados. Fui  ansioso esta vez por preguntar si conocía alguno de los cuentos de Perú y díjome que conocía  sólo dos, relatándome de seguido el de “PERÚ Y EL GIGANTE”. Lo escuché ensimismado, fascinado sobremanera por  la mucha astucia de su protagonista. Espero, don Diego, sea de su agrado y haber dado cumplida cuenta a su petición así como que su merced vea, igualmente, cuán hábil  ha de ser a veces el débil para escapar de la tiranía del fuerte o para  burlarlo con argucias. Con el deseo de que  lo recoja en ese su libro para posterior conocimiento de las gentes, le manda su afecto éste

El Candil de la Fuentecica

                                  
                              PERÚ Y EL GIGANTE

Cuéntase que una vez estaba Perú al servicio de un gigante que era muy tonto, tanto, tanto, que ni sabía leer y hasta dicen que confundía los garbanzos con las habichuelas y acelgas con lechugas. Perú, por el contrario, era más listo que el hambre y se valía de su astucia para no hacer nada y engañar a su amo. Cierto día el gigante le dijo a Perú:
-Perú, tienes que ir al pozo que hay al pie de la sierra y traer un cántaro de agua, pues tengo sed y no queda.
Perú, muy servicial, sólo en apariencia, tomó un par de cántaros y se marchó al pozo. Al cabo de tres horas aún no había regresado y el gigante estaba que se lo llevaban los demonios, dando más "berríos" que Polifemo le  diera a Ulises. En vista de que no llegaba, decidió ir en su busca y cuál no fue su sorpresa al encontrar a Perú haciendo una enorme zanja alrededor del pozo.
-¡Perú, ¿qué estás haciendo?- gritó el gigante encolerizado.
-Pues mire usted, amo, como hay un trayecto muy grande desde la casa hasta aquí, he pensado que mejor será llevar el pozo hasta allí y de esa forma no tendré que estar siempre yendo y viniendo a por agua.
-Perú, tú estás loco. ¿A quién se le explica que puedas llevarte el pozo  a la casa?- repuso el gigante en un momento de ingenio
Perú se quedó pensativo y contestó:
-Es cierto, amo, no lo había pensado. No lo podré conseguir. Ahora me doy cuenta de que es imposible-, respondió con ironía.
Al cabo de unos días el gigante volvió a mandar a Perú a por leña al cerro para caldear el horno, pues habían hecho pan y había que cocerlo. Ya había pasado más de medio día y Perú no regresaba. La masa  había hecho la cochura y estaba a punto de pasarse. Desesperado y bramando contra el día en que lo había contratado, el gigante se fue al cerro y halló a Perú haciendo una gran soga de esparto.
-¡Peruuuuuuuuú, Peruuuuuuuuuuú!- gritaba el gigante que parecía que los montes y el cielo se iban a venir abajo- ¿Qué haces, Peruuuuuuuuú? ¿Qué estás haciendo ahí sentado y tan tranquilo?
Perú, sin inmutarse, contestó:
-¿Tan tranquilo dice, mi amo? ¿Pues no ve que estoy desesperado por  acabar esta soga y así llevarme el  monte hasta la casa para no tener que venir más a por leña?
-Pero, ¿qué dices "so idiota"? ¿Cómo te vas a llevar el monte a la casa? ¿Estás loco o es que eres tonto de remate?
-Lleva razón, mi amo, pues quizás pese demasiado y no pueda con él.
Esto pasaba un día sí y otro también, siendo siempre el gigante el que tenía que acarrear con el agua, con la leña o con lo que fuera.
Una noche el gigante dijo a Perú que al día siguiente debería ir a guardar unos cerdos que tenía. Perú no quería ir, pues decía que era un trabajo muy engorroso y muy sucio y que prefería hacer otra cosa. El gigante  prometió darle todos los cerdos que no tuvieran rabo si los llevaba a un lugar en el que había bellotas. Perú sabía que todos los guarros tenían rabo y que sólo si se valía de alguna argucia podría conseguir alguno de los  cochinos. Ya en el catre estuvo un buen rato dale que dale al caletre a ver qué se le ocurría, hasta que fue a dar en la idea de cortar el rabo a todos los cerdos. Se levantó sin hacer ruido, se fue a la zahúrda y cortó el rabo, uno por uno, a todos los cochinos. Esa noche había tormenta y el gigante, que tenía miedo a los truenos y a los relámpagos, se había tapado cabeza y todo y dormía a pata suelta, así que  no se enteró de nada. Perú, una vez que había terminado la faena, cogió los rabos y los fue lanzando al barro de un bancal que estaba inundado,  quedando a la vista un trozo de los mismos. Perú se acostó de nuevo, haciendo menos ruido que una mosca.
Cuando se levantaron, el gigante le dijo de ir a la chiquera donde estaban los cerdos para llevarlos a pacer, teniendo que pasar junto al bancal en el que Perú había puesto los rabos que asomaban por encima del barro. Al ver aquello, el gigante pensó volverse loco y, a grandes voces, decía:
-¿Qué ha pasado con mis cerdos? Peruuuuuuú..., ¿qué ha pasado? ¿Qué ha pasado con mis cerdos?- gritaba colérico.
-Mi amo, quizás fue que anoche, con la tormenta, se asustaron y se escaparon del chiquero. Y ya ve  usted qué mala suerte, pues todos se han metido en el fango y quizá se estén ahogando o ya se hayan ahogado.
-¿Qué hacemos ahora, Perú? ¿Qué podemos hacer?
-Mi amo, lo mejor es que entre usted en el bancal, usted que es grande y fuerte,  a ver si puede salvar alguno.
Y dicho y hecho. El gigante se metió al bancal, hundiéndose hasta el cuello, intentando tirar de los rabos que encontraba,  tanteando con la mano, pues el barro y el agua lo cegaban.  Mientras,  Perú se fue al chiquero, sacó  los cerdos y se los llevó lejos, lejos. Según cuentan, parece que se los llevó a su país. También dicen que el gigante murió ahogado en el barro, víctima de su avaricia y de su ignorancia,  tirando de los rabos que encontraba. Así Perú salvó a las gentes de la aldea de las amenazas y abusos del gigante y él se hizo rico podrido.
“Y colorín colorete que por la chimenea cae un cohete, y colorín colorao que este cuento se ha acabao”.

GLOSARIO:

Gran aprieto: estar en un apuro, en una situación problemática y complicada.
No estar el horno para bollos: expresión popular que indica que existe una situación tensa y difícil y que es preferible abstenerse de hablar, preguntar o pedir algo.
Trasto:  objeto o mueble viejo, inservible o poco usado.
Amasijo: denominación popular que se daba al hecho de realizar la masa del pan, con harina, la creciente o levadura, agua y sal y su proceso de fermentación.
Tejemaneje: ajetreo, exceso de movimiento o actividad en la realización de una cosa.
Caldear el horno: calentar el horno hasta el punto necesario para cocer el pan.
Ser más listo que el hambre: expresión que viene a indicar la gran agudeza e ingenio que ha de tener un hambriento para poder comer.
Llevarse a uno los demonios  (o diablos): expresión popular que significa el gran enfado que se puede llegar a tener una persona. (Demonio: espíritu sobrenatural que representa las fuerzas del mal).
“Berrío”:  (berrido) chillido, grito, voz, aullido, rugido.
Zanja: excavación larga y profunda que se hace en la tierra.
Soga: maroma, cuerda, cabo.
Leña: conjunto de matojos, troncos, ramas y troazos de madera seca que se emplea para hacer fuego.
Esparto: planta gramínea con cañas de unos 70 cm de altura. Se usa para hacer sogas, zapatillas, espuertas, serones, aguaderas, pleita del queso y otros diversos objetos.
Ser tonto de remate: ser completamente tonto, ingenuo, bobo. Expresión popular que significa que una persona es tan tonta que lo cree todo.
Argucia: cuento, artimaña, engaño, enredo.
Zahúrda: chiquera, pocilga para los cerdos.
Caletre: ingenio, mollera, sesera, discernimiento, capacidad, talento.
Pacer: pastar, apacentar, alimentar. Comer el ganado la hierba del campo.
Bellota:  fruto de la encina, el roble y otros  árboles del género Quercus, de forma ovalada, redondeada y algo puntiaguda.
Bancal: terreno rectangular, de no mucha extensión, preparado para la siembra.

              
                          Izquierda: caldeo del horno Centro: cociendo el pan
                                               Derecha: mujer amasando
       
                Izquierda: cántaros  Centro: gigante  Derecha: haz de leña
                           
                 Izquierda: soga de esparto         Derecha: pastor de cerdos