"Hermosura de hembra, mil desazones siembra" (Anónimo)
EL SEGADOR DE LORCA
A mi señor don Diego, mentor y protector de este su humilde colaborador, el Candil de la Fuentecica. Ya sabe mi señor cual es mi destino en llegando estas fechas, que ni tiempo para dirigirme a su merced tengo, pues no hay otro que el de acudir desde antes que amanezca, aguantando el mucho sueño y arrastrando las pocas ganas, al tajo de la siega. Son días sin descanso y ya antes de que los claros del amanecer vayan abriéndose paso, caminamos tras las bestias, aparejadas con amugas sobre la albarda, camino del lugar que nos espera. Procuramos siempre empezar a la hora que aún la mies reviene y blandea, pues cuando ya el Sol aprieta corre peligro de descabezase.
Somos pocos en la cuadrilla, sólo la familia, pues escasa es la hacienda y aún más la cosecha. Mi abuelo, siempre que va, hace de manejero, y nos lleva con la lengua fuera, como si a destajo hubiéramos contratado el quehacer. La faena la tenemos repartida en distintos y pequeños llanos, laeros, vagas o vallejos, cañadas, atochadas y algunas arbolejas y bancales de riego y, aunque escasa, hállase diseminada, lo que nos obliga a ir cada día a sitios tan distintos como distantes, lo que agrava más este tiempo ya de por si infernal. En las horas centrales del día, en esas que el canto penetrante de las chicharras se hace insoportable, cuando el Sol más abrasa y la impotencia obliga a rendirse, buscamos alguna sombra y aprovechamos para comer algo de lo que hemos echado en el cesto: algún tomate, algo de blanco del perro, de la botija o del obispo, y pan siempre duro como las piedras. El comer alivia, pero es, sobre todo, el agua de la cántara lo que nos permite sobrevivir.
Casi toda la siega la hacemos arrancando la mies y alguna segada a hoz. Sólo cuando es trigo bien espeso o cebada medrada, en bancal de riego, usamos aquella, pues para toda la demás basta y sobra con las manos. Cuando se utiliza la hoz, mi trabajo es otro, pues aún no soy crecido para usarla y ni los dediles se ajustan al tamaño de mis dedos. Tampoco sé aún cómo manejar el golpe o manojo que forma las gavillas con las que a su vez se conforman los haces. Entonces se me encargan cien cosas distintas que bien presto debo hacer. Mientras todo esto tiene lugar, en los rastrojos va paciendo el ganado que nos sigue siempre como una sombra. Cuando ya el día va perdiendo su color y la noche empieza a extenderse como una negra telaraña, empezamos a cargar las bestias: tres haces en torno a cada amuga, bien sujetos con los ramales para que la carga no críe. Seguidamente cogemos los avíos y emprendemos el camino de regreso. Y cada día es una copia del anterior.
Ya ve don Diego lo dura que es la vida para el pobre, que no ya afana por medrar, más bien diría yo que lo hace por subsistir, pero no crea que por ello faltan momentos y ocasiones para el humor, para la bulla, para el chascarrillo o algún decir, cuento o historia que pongan una nota de desenfado, un matiz de solaz, una chispa de vida, que relaje penas y constriña el sacrificio.
Sirva de ejemplo de lo mucho que se cuece al amparo de las siegas lo que seguidamente voy a referirle y que hace sólo unos días contome un tío mío, de nombre Diego, como vos, mientras ambos arrancábamos cebada en una pequeña vaga. El Sol habíase perdido ya por el horizonte y estábamos juntando las gavillas para los haces cuando quiso hacerme partícipe de un secreto que yo voy a romper por contárselo a su merced, pero que espero no haga como yo. Hablome mi tío de la mucha "priesa" que tiene porque acabemos la siega, que ya se hará la trilla en julio, pues ahora arde en ansias de preparar su hato con dediles, hoz, zamarro y algunos otros enseres para marchar a la tarea de segar a Espillar o al Contador, y no sé donde más, pues cada verano por estas fechas más que andar, vuela hacia esos lugares. Va primero a casa de un tal tío Lulio, hombre mayor, viudo, con dos hijas casaderas, mozas de buen ver, la mayor de 24 y la menor de 23, según me contó, y que todavía andan en la soltería.
A decir de mi tío, el señor Lulio es labriego de algunas de las varias labores en las que se divide la hacienda, y se necesita buena cuadrilla. Mi tío siempre acude, pues anda en gran familiaridad con ellos. Trabaja la cuadrilla a jornal y una de las hijas, la mayor, hace de manejera, mientras que la otra dedícase a la casa. Cada día prepara las migas y las lleva al tajo. Contome mi tío, y será verdad, que el primer día, tras el almuerzo, pidiole fuese con ella, mientras los demás echaban el cigarro, a ayudarle a llenar unos cántaros en un pozo cercano. Lo que pasó junto al brocal del pozo y en un cañal próximo ese día y otros posteriores, mejor no contarlo y dejarlo para que cada imaginación recree libremente los retoces que allí hubo. Sí direle que mi tío vive obsesionado con volver y también que ahora me explico por qué el pasado verano, al regreso de la siega, venía más "chuchurrío" que una pasa, hasta el punto que mi abuela pusole sobrealimentación con huevos crudos en vino para rescatarlo de tan "escuchimizao" como llegó, aunque la pobre sólo pensó en las duras fatigas que habría pasado.
Ya ve lo que dan de sí las siegas, don Diego. Para muestra de ello, enviole un romancillo que también fue mi tío quien me lo facilitó tras hacerme partícipe de su secreto y para que comprenda cuantas aventuras de ese tipo ocurren en tal menester. La carne flaquea, es ciega y es incapaz de resistir a la tentación por tal de aliviar necesidades. Asegurome también mi tío tener entendido que el hecho había sido real, y que algún ilustrado pusole verso a esta pícara historia. Es la de " EL SEGADOR DE LORCA". Verdad o mentira podrá su merced juzgar, pero seguro que le divertirá.
Siempre suyo.
El Candil de la Fuentecica
EL SEGADOR DE LORCA
Presten atención, señores,
pues les voy a relatar
una picarilla historia
que a todos ha de gustar.
Trátase de un segador
que vino un día a segar
a este campo de Lorca
como siempre es regular.
Al campo de la Merced
vino este hombre a parar
buscando como se ve
un amo para quien segar.
Llegó a un rico labrador
con quien principió a tratar
con “aqueste” buen hombre
y otros diez o quince más.
Se fueron a ver las tierras
que tenían que segar,
regresando a la casa
donde habían de cenar.
Salió al punto la mujer,
a su gente fue a mirar
y la saludaron todos
con total urbanidad.
Ella pronto dio una silla
al que era más mozuelo
y los que asiento no lograron
se sentaron en el suelo
Él se sentó a su lado
para preparar las gachas
sin ni por asomo pensar
el buen fuego que atizaba.
Ella desde el principio tuvo
un gran calor que le ardía
y es que el mismo demonio
buena yesca ya encendía.
Era ella hembra hermosa,
que ni treinta de edad contaba,
su soledad era completa
y del placer ya abandonada.
Estando haciendo las gachas
dice el ama al segador:
"No se ponga usté a cocerlas
que de eso me encargo yo".
Así que echaba la harina
propone el ama al chicarrón:
"Póngase usted como triste
y finja terrible dolor,
Porque me parece muy justo
que en esta noche de San Juan
que en esta noche de San Juan
le demos al cuerpo gusto
sin pensar en qué dirán.
Pues es mi deseo que cabalgues
a la luz de clara luna,
a lomo de yegua joven
sin parar sobre mi grupa.
Pues bien es que trabajes
colocando tú en mi era
el mucho grano que sobre
de tu buena sementera.
Así tendré yo en mi "troh"
trigo, centeno y cebada
pues en una plácida noche
daremos cuenta a la parva".
El bueno del segador
bien que la farsa entendió
y aparentando dolor
pronto al suelo se cayó.
Como el segador se quejara
con lamentos doloridos
nadie pudo sospechar
que fuera tan atrevido,
Que por al ama consolar
se atreviera sin temor,
a pasar toda la noche
simulando gran dolor.
Como médico no había
llamaron allí a un “charlero”
de los que por el campo andan
que les llaman curanderos
A aquel engañoso enfermo
le pregunta con fantasía,
pero él simula sordera
y ya delira en la agonía.
Ella con disimulo fingido
pronto aportó una respuesta,
proponiendo medicarlo ella
esa noche por su cuenta.
"Yo le proporcionaré un jarabe
compuesto de mejorana,
algún jugo de ciruela
y refriegas de manzana "
Convencido el lelo esposo
del mal de aquel segador,
se marchó a descansar,
lejos a otra habitación.
Aquella ardiente mujer
pronto mató una gallina,
que en pepitoria prepara
ella sola en la cocina.
A su galán se la lleva
para que fuerzas recobre,
y su almajara le riegue,
sin parar toda la noche.
Una vez hecho el silencio
se apagan candiles y velas,
y en la cama principal
comienza la polvareda.
Ella de placer se queja,
él de gusto se retuerce,
ambos a la misma vez
en buen incendio se meten.
Ella suspira de goce,
él de disfrute y pasión,
y cada hora de la noche
debidamente él cumplió.
En aquella fecunda noche
él cavó, regó, sembró y segó
y mientras los otros dormían
la farsa no se acabó.
Ya aumentan los quejidos
y los demás se despiertan,
temiendo los muy ingenuos
porque el mozuelo muriera.
Es el marido el primero
que a la habitación llegara
viendo que el jovenzuelo
sobre su mujer cabalga.
Pronto da en cavilar
que aquel potro tan salvaje
le ha jugado buena treta
con la que curar sus males.
Pues ha entrado en la cañada
de su fogosa mujer
segando toda la noche
sin dejar ninguna mies.
Aquí el romance termina
de quien fue a segar “cebá”
y se encontró con buen trigo
tras fingida enfermedad.
Apelo, amigo lector,
a ese su buen entender,
y si cree que no fue así
sepa que así debió ser.
Autor: Clemente Molina
GLOSARIO:
Amugas: Utensilio parecido a unas "angarillas" que sirve para transportar cosas sobre las bestias, como es la mies, el serón, etc. Están formadas por dos varas gruesas paralelas, unidas por dos fuertes anudaciones en los extremos y que sujetas a la albarda permiten el soporte de la carga a lomos del animal.
Albarda: objeto de esparto y anea que se coloca sobre el lomo de la caballería para colocar aguaderas o acarrear una carga.
Tajo: se utiliza como sinónimo de trabajo o tarea, y también punto o lugar en el que se está desarrollando la misma.
Cuadrilla: grupo de personas que desarrollan una tarea.
Manejero: persona que lleva la mano o dirección de lo que se está haciendo y los demás siguen su ritmo.
Ramal: este término se usa para referirse a las sogas que sirven para sujetar la mies a las amugas, y también al ramal hecho con un manojo de tallos de trigo o cebada, cuando son largos, para amarrar los haces.
Destajo: trabajar a destajo o trabajar a jornal: había dos formas de "ajustar" el trabajo, o bien "a destajo" según el cual los segadores tomaban la faena por un precio y lo hacían en el menor tiempo posible. La otra fórmula era la del "jornal", pagándoles por tiempo o faena trabajada. Siempre se "ajustaba" el sistema a emplear antes de empezar la siega.
Mies "revenía"y "blandeá": cuando la mies está muy seca es fácil que la espiga caiga. Por eso la mejor siega era la de primeras horas de la mañana y últimas de la tarde que es cuando la mies estaba más húmeda y no se descapotaba.
Ganado: término que hace referencia al conjunto de animales que pastan en el campo (caprino, ovino y bovino)
Laero: terreno con cierto desnivel en el que también se sembraba.
Ganado: término que hace referencia al conjunto de animales que pastan en el campo (caprino, ovino y bovino)
Laero: terreno con cierto desnivel en el que también se sembraba.
Vaga: similar al laero. Este término muy empleado en esta zona debe derivar de "vaguada", pero se apocopaba para abreviar el habla.
Vallejo: es también un terreno en desnivel, comprendido entre dos cerrillos.
Atochada: bancal de secano, separado de otro terreno por pedrizas o ribazos por existir desnivel, generalmente entre montículos.
Cañada: espacio llano entre dos montes poco distantes entre sí.
Arboleja: bancal limítrofe a una rambla y que generalmente se regaba por inundación a través de una boquera cuando la rambla salía.
Dediles: pequeños objetos de cuero recio que en forma de dedo servían para cubrirlos y proteger al segar, evitando así posibles cortes.
Zamarro: era una especie de delantal de cuero o lona que se ponían los segadores para proteger el pantalón y las piernas del roce de la mies y de la hoz.
Blanco de botija, de obispo o perro del cerdo: el embutido del que se llenaba la vejiga del cerdo en la matanza se le llamaba botija. Al estómago se le conocía como el perro y el obispo era el bazo. No era embutido de color blanco, sino que se hacía de la misma masa de la longaniza, pero popularmente se le conocía con el nombre de "blanco".
Criar o parir la carga: cuando una carga se deshacía o aflojaba se le llamaba parir o criar la carga.
Gavilla: cuando se llevaban varios golpes de mies en la mano se dejaban en el suelo formando una gavilla. Luego se juntaban tres gavillas para formar un haz.
Presto: rápido, pronto, ligero en el hacer.
Avíos: conjunto de enseres y cosas necesarias que se usan para hacer algo
Labor: cada una de las partes de una gran hacienda. Por lo visto era costumbre en esa zona llamar labor a cada una de las partes en las que quedaba dividida una finca para ser trabajada por un labriego.
Chuchurrío: decaído, triste, marchito, sin fuerzas.
Escuchimizao: delgado, de mal aspecto.
Migas: comida típica que en el campo se comía casi a diario. Está hecha con harina, agua, sal y aceite. Se ayudaban las migas de alguna engañifa y algún remojón que en verano se cambiaba por gazpacho de migas, hecho con agua lo más fresca posible, sal, vinagre, tomate, cebolla y pepino.
Gachas: comida típica hecha con harina, agua y sal. La masa se extendía en torno al borde del perol y en el centro del mismo se solía bañar con algún caldo, en especial de pescado.
Yesca: materia fácilmente inflamable, dispuesta a encenderse. Lo que intensifica cualquier pasión o sentimiento.
Era: espacio circular próximo a la casa en el que realizaba la trilla. Primeramente se rulaba la era con un gran rulo de piedra.
Troje: espacio dividido por ntabiques para guardar cereales. Generalmente estaba en la cámara.se le denominaba comúnmente la "troh", finalizando en una especie de "H" aspirada casi imperceptible.
Parva: cereal cortado y extendido sobre la era para trillarlo o que ya está trillado
Charlero: especie de curandero-charlatán que había en lgunos lugares del campo. Mentiroso, cuentista, mitómano.
Almajara: terreno abonado para la pronta germinación de las semillas.
Foto: amugas
Izquierda: cuadrilla de segadores Derecha: dediles
Izquierda: segador con gavilla Derecha: burra cargada de trigo