MALDAD Y CALUMNIA PUEDEN
DESTROZAR VIDAS.
DESTROZAR VIDAS.
Del Candil de la Fuentecica a su bienhechor y protector don Diego de la Caparrota. Me complace, mi señor don Diego, dirigirme a vuesa merced con el propósito de hacerle conocedor de cómo transcurre mi vida en estas fechas. Jamás agradeceré lo suficiente su interés por mí y he de referirle que en estos días me muevo más suelto que atado, algo que es muy de alegrar y solaza además sobremanera mis humores, pues resta ya muy poco para que esta libertad llegue a su fin, siendo que en breve deberé desplazarme hasta la casa donde la restricción, severidad, disciplina y obligación se tornan en una misma cosa. Estoy seguro que satisfará en gran medida a su merced que le relate algunas de las vicisitudes que por allí suelen acaecer y de las que ya poseo abundante cantidad para contarle, amén de las muy divertidas que también espero estén por venir, pues no todo ha de ser constreñimiento. De seguro que tendrá cumplida información sobre todas, pero, mi señor don Diego, eso será en posteriores escritos, pues aquí no cabe todo, aparte de que, llegada esta hora, Morfeo se ha adueñado de éste su humilde servidor y ahora mismo aquí estoy, pegado a la chimenea, con los ojos más cerrados que abiertos, junto a una pobre lumbrecilla cuyas ascuas se consumen a la vez que mis párpados ya ni se sostienen. A estas horas todos duermen y sólo Rigodón me hace compañía, runruneando junto a las cenizas, no sé si abatido por el hambre o por el sueño. Así que ya no puedo decir más, pues aceite y torcida del candil tocan también a su fin.
Sólo me resta referirle que hoy ha obsequiádome mi abuelo con un romancillo adquirido en el mercado de Albox a alguno de los ciegos que lo frecuentan, y que no tengo por menos de hacérselo llegar para su distracción y sabiduría, por si alguna enseñanza extrajera del mismo, que nunca se sabe, mi señor, en qué nos podremos ver ni cómo. En su lectura verá cuán terroríficas son la maldad y el infundio.
Y ya doy por finalizada esta comunicación, que el candil ya no alumbra, el fuego quedó todo en cenizas y Rigodón no cesa en ésta su música nada celestial. Pero, no se apure su merced, que pronto recibirá más noticias de éste su sempiterno servidor
El Candil de la Fuentecica
LA CONFRONTACIÓN DE UN PADRE CON SU HIJA
En la provincia de Sevilla,
en el pueblo da Marchena,
habitaba un matrimonio
que eran personas muy buenas.
Ellos vivían muy felices
con su hija Isabel,
la madre era costurera
y el padre albañil fue.
Pero una mala vecina
por envidia murmuraba
a esta pobre mujer
sin tener razón de nada.
Paseando con su hijita
un domingo por la tarde,
esa ingrata vecina
lo llamó para hablarle.
Mira, Antonio, si supieras
de lo que me he enterado,
que tu mujer no es muy buena
y a ti te está traicionando.
Qué me dices, Margarita,
yo no lo puedo creer,
ella a mí me quiere mucho,
como yo a ella también.
Pues yo a ti te desengaño
y no lo debes dudar,
cuando tú vas al trabajo
con otro suele estar.
Lleno de ira y dolor,
creyendo en esa cruel,
a su hija él ha besado;
sin decir nada se fue.
Antonio marchó a Segovia
y ha empezado a trabajar,
y dio con unos señores
que fue su felicidad.
Él tomó muchas contratas
e hizo muchos edificios,
ganando muchos dineros
y llegó a ponerse rico.
Aunque él estaba muy bien,
con mucha felicidad,
pero a su hija Isabel
nunca la pudo olvidar.
Esta niña tan bonita
con su madre se crió,
cuando tenía quince años
sola en el mundo quedó.
Ella quiso ser artista
porque el teatro le gustaba,
y a los dos años ya era
de las que mejor cantaban.
Toda España recorría
en los teatros más grandes,
hasta que llegó el día
que se encontró con su padre.
Una noche en el teatro
cuando ella estaba cantando,
un señor que allí había
su sombrero le ha echado.
Al terminar su trabajo
el sombrero devolvió,
y el caballero a la joven
a cenar la invitó.
Estando solos le dijo:
si aceptas mi petición
de casarte tú conmigo,
seríamos felices los dos.
En este mismo momento
no lo puedo contestar,
porque el asunto es muy serio
y lo tengo que pensar.
No debes pensarlo más,
yo te hablo con franqueza;
sólo y sin familia soy,
tuya será mi riqueza.
A la respuesta de esto
la joven le contestó:
pues yo también estoy sola
y acepto su petición.
Díme como tú te llamas
y del pueblo donde eres,
para mandar enseguida
a pedirte los papeles.
Me llamo Isabel Fernández
y mi madre Encarnación,
soy del pueblo de Marchena,
mi padre me abandonó.
Al oír estas palabras
el padre inmóvil quedó,
y al recobrarse le dijo:
hija de mi corazón.
Cómo te dejó tu madre,
dímelo, hijita mía,
cómo ha tenido el valor
que tú lleves esta vida.
De edad de quince años
yo a mi madre perdí,
y no teniendo otro amparo
padre no reconocí.
Hija querida de mi alma,
qué feliz soy al encontrarte,
para ti acabó esa vida,
hoy ya tienes a tu padre.
Al público que me escucha:
recordad este dolor,
que por una mala lengua
esta familia sufrió.
Letra: D. Soroco
GLOSARIO:
Contratas: acción de contratar. Acuerdo entre dos partes para realizar un trabajo.
Mala lengua: se aplica a persona difamadora, calumniadora, que levanta bulos para hacer daño a otra.
Infundio: bulo, calumnia, rumor.
Andanza: correría, aventura, viaje, peripecia
Solazar: recrear, entretener, distraer, disfrutar.
Vicisitud: acontecimiento, suceso, incidente.
Constreñimiento: en este caso se refiere obligaciones que se imponen para hacer algo y la reducción o limitación para otras.
Emborracharse como una cuba: tomar tal cantidad de alcohol que se pierden totalmente las facultades física.
Candil: pequeño objeto metálico que sirve para alumbrar
NOTA: el texto es copia exacta del original, con errores ortográficos incluidos.
Izquierda: cocina de leña
Centro: candil de aceite
Derecha: ciego vendiendo sus romances de cordel