martes, 20 de marzo de 2012

LOS PASTORES Y LA ZORRA

"La ingenuidad es una fuerza que los astutos hacen mal en despreciar."
 (Arturo Graf)

 A mi señor mentor y bienhechor don Diego, de este su fiel discípulo, el Candil de la Fuentecita. Direle, don Diego que son éstos días en los que  la vida  transcurre sin agobios y, aunque el tiempo no se  detiene, sin embargo, apenas percibimos su paso, si no fuera porque acontecimientos hay que nos despiertan del letargo de una rutina soporífera.
Pregúntome a veces qué es realmente el tiempo y no hallo respuesta, salvo porque las  cosas cambian, las personas cambian o todo viene o va como un interminable desfile de nacer o morir, siendo en eso  en lo que aprecio que su paso nos engulle, como hiciera Cronos con sus hijos. Ahora mi mayor ansiedad anda por poner fin a mi tiempo de escuela, pues dice mi madre que, en acabando junio, no volveré y habré de continuar estudios lejos de aquí, ya que según el aprendiz de clérigo que me instruye durante los veranos, dice hallarme con preparación suficiente para superar el ingreso. Y no débese la preparación a la escuela, que en ésta poco o nada he avanzado, pues siempre, cada día, a la entrada, andamos con rezos, volvemos a rezar al rato y pasamos la última hora recitando oraciones como monótonos y repetitivos  papagayos. Allí lo nuestro es rezar, rellenando los intermedios con consignas, lecturas, dibujos y proclamas patrióticas, sin que haya más  interés por nosotros que el del adoctrinamiento. Pienso que débase a obsesión de la señora maestra o también influya el hecho de vivir en el campo, importando poco  que aprendamos, para así no escapar de este nuestro puro estado servil. Pídenos ella que estemos agradecidos por lo mucho que aprendemos. Paréceme burlesco, como lo del clérigo cerbatana con sus pupilos, e irrítame sobremanera. Así que  en lo que queda,  la soportaré  y andareme con prudencia y cuidado pues, a fe mía,  tiéneme algo de tirria, que no hay día que no me ande con monsergas y reprimendas, haciéndome cargar siempre con algún suplementario trabajo en castigo. Débase tal vez a mi rebeldía con tanto "padrenuestro", que con menos nos apañamos, siendo que en ocasiones no cállome, y póngola en aprieto pidiéndole echemos  más tiempo en aprender y menos en rezar.
Solemos ir cada día uno de nosotros a llenar un botijillo a la fuente para aliviar la  sed. Ha tan sólo unos días correspondíome ir y fue una liberación pues, por  el mucho aburrimiento que tanto rosario y letanía  me producen,  entretúveme en el encargo, poniéndome a charlar con  el tío “Media Libra”, hombre ya mayor, de gran sabiduría y entender,  que escabillaba unos présoles en  la era de un bancal junto a la fuente.  Así que lo vi, senteme en el ribazo y él  háblome, como si yo fuese otro viejo, de lo mal que se presenta la cosecha y de que la juventud habrá de  ir pensando en correr riesgos y buscar otros mundos si quiere sobrevivir. Comparolo con  lo que hacen muchos animales, ocurriéndosele poner como semejanza el riesgo que corrió una  zorra que, por tal de hallar sustento, viose comprometida ante el engaño de un águila.
A sabiendas de que la maestra me gruñería de lo lindo, pero por tal de no soportar sus  interminables oraciones,  preferí pedir al tío “Media Libra” me relatase el cuento.
Séntose el hombre en el ribazillo, complaciéndome con esta narración que de inmediato le envío y que es, a mi entender,  graciosísima y ejemplarizante para con los que a todo se atreven, aunque por la supervivencia, ...¿qué no haria cada uno de nosotros?
Despídese su leal deudo

El Candil de la Fuentecica 

               LOS PASTORES Y LA ZORRA

Había una vez una zorra que desesperada por el hambre buscaba algo que llevar  a la boca, pues hacía más de dos días que no probaba bocado. Iba oteando por el campo por si encontraba algo con que aliviar sus maltrecha tripa cuando, a todo esto pasó un águila volando, divisándola desde la altura. La comida era escasa para todos, pues eran años de escasez y malas cosechas y de todo faltaba, también comida para ellas. La zorra era más pilla  y astuta que la ingenua águila, y lo poco que por aquellas tierras había se lo zampaba ella, aunque el águila fuese más fuerte. Ésta, al verla, pensó que quizás sería la ocasión de quitarla de enmedio y, de esa forma, lo que la zorra se comía podría ser para ella, pues  no había manjar que no se lo robara y la pobre águila estaba pasando más hambre que mi abuela en Cuaresma. Sin pensarlo mucho  se dio la vuelta y  fue adonde estaba la zorra, diciéndole así:
-Comadre, ya veo que andas paseando muy ufana por el campo. ¿Quieres dar una vuelta conmigo y ver el mundo desde las alturas? A la vez quizás divises algún goloso manjar, pues nunca se sabe dónde poder hallarlo. 
La zorra cayó en la trampa y se subió a lomos del águla, con la intención no de ver el paisaje, sino para divisar desde arriba cualquier cosa que poder llevar a la boca.
Ya que había subido el águila muy arriba, muy arriba y la zorra temblaba de miedo, le dijo el águila:
-Comadre, ¿ves algo?
-¿Que, que, que, que……….que si veo algo? Pues claro que veo,- respondió ella.- Veo, veo, veo……veo un olivo.
El águila entonces aligeró el vuelo y subió mucho más alto. Cuando ya suponía que no se veía ni el suelo, preguntó de nuevo:
-Comadre, ¿ves algo?
-¡No, no, noooooo,…..no comadreeeee....! ¡No, no, noooo veo nada!
-Vale, comadre, vale, pues ahora asegúrate bien que estoy cansada y necesito sacudir las alas un poco.
Y claro, esa era la intención del águila, hacer que la zorra se despeñara y se matara. Así que empezó a sacudir y sacudir  las alas hasta que su comadre, que iba aguantando como podía, resbaló y empezó a caer y caer y caer. Y conforme iba cayendo, decía a grandes voces:
-¡Pastores, pastoreeees, poned mantas y mantoneeees que baja la Virgen de los Doloreeees!-Así una vez y otra.
Los pastores que vieron aquella figura bajando del cielo, creyeron que era cierto y pusieron todas sus mantas para que no le pasara nada, cayendo la zorra en blando, salvando así su pellejo. A la vez, como era muy astuta y los pastores estaban distraidos con lo sucedido ya que les parecía un milagro, atrapó un corderillo y se lo llevó para darse un buen banquete y aliviarse del terrible susto.
Desde aquel día la zorra aprendió bien la lección y jamás volvió a viajar  con su comadre el águla, pero, eso sí, en adelante le hizo cuantas diabluras pudo para vengarse de ella, dejándola sin comida y logrando que emigrara a  tierras muy lejanas, siendo sólo para ella lo poco que había. Y colorín colorado que el cuento se ha acabado.

GLOSARIO:

Cronos: en la mitología griega, dios del tiempo.El más joven de los Titanes, hijo de Gea, la Tierra y de Urano, el Cielo, destronó a su padre y engullía a sus propios hijos para no ser destronado.
Botijillo: diminutivo de "botijo", pequeña vasija abultada que se utiliza para contener agua y beberla a chorro. Es de arcilla porosa y lleva en la parte superior un asa y dos aberturas, una ancha para llenarla y otra en forma de espita para beber. También se le denomina "pitorro".
Escabillar:  término usado con el significado de quitar con una azadilla las malas hierbas de un terreno en cultivo.
Présoles: guisantes. Término de origen catalán y que en esta zona rural es usada comúnmente en lugar de guisantes.
Era de un bancal: se da esta denominación a cada una de las  partes en las que suele dividirse un bancal, mediante caballones, para su riego por inundación.
Clérigo cerbatana: clérigo en cuyo pupilaje estuvieron don Diego y su lacayo Pablos, el Buscón, y que se holgaba de darles bien de comer cuando en realidad los tenía muertos de hambre.
Tirria: odio o manía que se tiene a alguien o algo.
Monserga: impertinencia, sermón, charla pesada.
Gruñir: en este caso se utiliza como sinónimo de enfadarse y regañar con furia.
Otear: mirar, divisar, escudriñar.
Maltrecha tripa: tripa vacía, estropeada, dañada`por el hambre.
Ufana: arrogante, presumida.

       
      Izquierda: Cronos devorando a un hijo Centro: escabillando présoles
                           Derecha: botijo o pitorro


          
             Izquierda: el águla y la zorra   Centro: la zorra a lomos del águila
                                   Derecha: la zorra roba un cordero

martes, 28 de febrero de 2012

LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS

Así es -dijo Sancho- pero tiene el miedo muchos ojos, y ve las cosas debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo. ( Miguel de Cervantes )

Al muy ilustrado señor don Diego de la Caparrota de éste su servidor el Candil de la Fuentecica. Ante todo direle que me avergüenza un tanto la historia que de seguido le relato, pero con la confianza que me otorga su  discreción y prudencia, hágosela llegar, confesándole que en aquel momento vivila con miedo, y hasta me aventuraría a manifestar que con terror incluso. No exagero si le digo que desde mi más corta edad fui extremadamente miedoso. No sé si ello será hereditario, pues es mi madre la persona más asustadiza y aprensiva que tal vez haya, haya habido o habrá y, sin duda, me lo contagia o atiza cuando su voluntad es la de apartarme de alguna pretensión mía y que ella considere peligrosa, atrevida o desconocida.
Sólo ha unos días, muy de madrugada,  hube de acompañarla para  acercar a mi abuela hasta el pueblo ya que tomaría la alsina de los "Cananos" con el fin de viajar hasta Vera y allí visitar a la Tía Veneno. Es ésta una mujer curandera y milagrera que con rezos, conjuros y sortilegios, dícese,  remedia ciertos males, según hablan las gentes. Yo quiero confesar a su merced que jamás creí en tales esotéricos poderes.
El caso es que de regreso, tan sólo ya mi madre y yo, aún en plena noche, pero con una  luna que inundaba nuestro espacio de gran claridad, apreciándose todo con suma nitidez, sacó ella a colación una noticia que por esos días andaba  metiendo el miedo en el cuerpo a las gentes de este lugar. Tratábase la misma de que por aquí andaba, tan suelto como San Juan por sus viñas, un orangután. Ella es tan miedosa que durante todo el recorrido sólo veía orangutanes por todas partes, de tal manera que cualquier sombra de árbol, arbusto o matojo, así como  ruido que oyese, por leve que aquel fuere, quedaba automáticamente transformado en el tan salvaje animal, transmitiéndome a mí la misma turbación y pánico. En el largo espacio que desde el pueblo hasta donde residimos hay, creí ver y oír tantos orangutanes como puedan hallarse en las mismísimas selvas de Indonesia, pues no había elemento de la Naturaleza que no fuese para nosotros otra cosa que el  monstruoso animal.
Cuando ya el trayecto se abreviaba y, en vista de que el dichoso simio no daba la cara, supliqué a mi madre se dejase de miedos ya que si el tal "monito" andaba por aquí, estaría en siete sueños y no persiguiéndonos o burlándose de nosotros. Hízome caso, no sé si por convencimiento o porque yo dejase de sufrir, y se puso a relatarme el cuento de "LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS" que, no le miento si le digo que más me  impresionó aun que lo del animal, pues todo aquello que tiene que ver con los difuntos, me horroriza. No me resisto a dejar el cuento sólo para mí sin hacérselo llegar, aunque,  a buen seguro que toda esta historia le causará a vuesa merced mofa y chanza. Pero no importa, porque,... ¿sabe qué pienso?,  que no tiene por qué avergonzar una sensación que está en nosotros, en nuestra mente y que, a veces,  cuando más combatimos, más  agiganta su figura. Confiésole igualmente que la tal sensación intento burlarla y espantarla,  pero mucha es la duda que albergo sobre la eficacia. Tiempo habrá para que le hable sobre los logros, si los hubiere. Por el momento, no lo comente a nadie, pues es tema éste que sólo da pie a la chufla, por la mucha cobardía mostrada y la no menos ignorancia.
Su leal amigo

El Candil de la Fuentecita

             LA NIÑA QUE TENÍA MUCHOS NOVIOS

Había una vez una joven que era huérfana de padre y de madre. Vivía sola y sentía miedo de todo, pero nada sabía hacer para evitarlo. Al contrario, éste iba en aumento y, ante cualquier ruido, ante lo desconocido, ante todo lo que juzgaba peligroso o amenazante y que ella ignoraba, se cernía de miedo, temblaba asustada como un corderillo amenazado por lobos.
Cierto día iba por una plaza y se le acercó un mozuelo para pedirle relaciones. Ella, siempre huidiza y asustada, no se atrevió a decir que no, pues pensaba que si lo hacía, le haría daño.
Al cabo de un tiempo se le acercó otro chico que igualmente le pidió que fuese su novia. Ella no sabía qué hacer ni decir, pues ya se había comprometido a ser novia del anterior. Pero, era tanto el pánico que le entró, que tampoco se atrevió a decir que no. Mas no todo quedó en eso, pues era muy guapa y gustaba mucho a los jóvenes siendo raro  que hubiese alguno en la aldea que no se hubiese fijado en ella. No había pasado tiempo cuando, yendo por una plaza, se le acercó otro chico que también solicitó ser su novio y, claro, como el miedo la acobardaba, tampoco en esta ocasión dijo que no.
Así que, sin pretenderlo ni desearlo, se encontró con tres novios. Desde entonces no dejó de llorar y llorar como una magdalena.
-¿Qué será de mí?- se preguntaba muy atribulada. -¿Cuál de ellos me matará?
Estando cierto día, sentada en el portalico de su casa, llorando desconsolada, acertó a pasar por allí una viejecilla que, al verla de aquella forma, le preguntó:
-¿Por qué lloras, chiquilla? ¿Qué te ocurre?
Ella no quería decirlo a nadie, pues si llegaba a oídos de los novios entonces sí que se iba a meter en un buen lío. Pero, por otra parte, sabía que ya estaba metida y que era preferible escapar como fuera de aquel callejón sin salida, fuese viva o muerta. Y como el que se coge a un clavo ardiendo, le dijo a la vieja:
-Buena señora, es que me han salido tres novios y no sé qué hacer. Tengo mucho miedo y si a alguno de ellos le digo que no, me matará.
-Bah, no te apures-, le contestó la mujer.- Mira, tú le vas a proponer a cada uno de ellos lo que yo te diga y si no son capaces de hacerlo les dices que no puedes ser su novia ni casarte con ninguno de ellos.
La chica estuvo de acuerdo con la propuesta de la mujer, pues comprendía que no tenía otra forma de terminar con aquella terrorífica situación. Así que se dispuso a escuchar a la viejecilla, que le dijo:
-Le dices al primero que si es capaz de hacerse el muerto y meterse en un ataúd y estar allí toda la noche, te casarás con él, pero que si no es así, que se busque otra novia.
La chica no salía de su asombro por la propuesta que le hacía la mujer. Ésta continuó:
-Al segundo le dices que si es capaz de estar solo y a oscuras velando un muerto toda una noche, te casarás con él, pero que si no es capaz, que se vaya con viento fresco a buscar otra novia.
La chica estaba admirada con las propuestas que la mujer le estaba haciendo, a la vez que veía en ello la forma de escapar de aquel problema.
Ya por último, la mujer dijo:
-Al tercero le dices que sólo te casarás con él si es capaz de robar un muerto.
Y dicho y hecho, pues la chica fue sin tardanza a hablar con cada uno de los novios, y planteando a cada uno lo que debía hacer, sin que los demás lo supiesen, por supusto. A la noche siguiente el primero se fue al lugar que ella le había dicho y se metió en el ataúd. Luego vino el otro y se puso a velarlo. Al cabo de un rato llegó el tercero, dispuesto a robar el muerto. La noche era muy oscura y con una terrible  tormenta. Sólo se escuchaba el aullido de los lobos mezclado con la luz cegadora de los relámpagos y el estrundo de los truenos. Los tres estaban muertos de miedo. El que tenía que robar veía que el que guardaba al muerto no se dormía y no sabía cómo hacer para poder llevárselo. Decidió por fin ponerse una vela en la boca, sujetándola con los dientes, encendida por sus dos extremos y también colocó una más en cada mano. Se puso enfrente de la puerta de la habitación, a ver si así se asustaba el que velaba y se iba. Y vaya que se asustó, pues al ver esto, dio un enorme grito y salió huyendo a la vez que decía:
-¡El demonio, el demonio viene a por el muerto!
El muerto que lo oyó, pero que no estaba muerto, dio tal salto del ataúd que a punto estuvo de matarse de verdad contra la puerta del terrible golpe que se dio. Fue tanto el estruendo que los tres salieron que se las pelaban, cada uno para su casa y nunca más se les vio el pelo ni molestaron más a la chica que pudo vivir tranquila y así fue como perdió el miedo, gracias a la viejecilla.
Y aquí acaba el cuento con sal y pimiento y "colorín colorado" que el cuento se ha acabado.

GLOSARIO:

Poder esotérico: oculto, escondido, secreto, enigmático, misterioso, impenetrable.
Meter el miedo en el cuerpo: estar muy asustado
Sacar a colación: "salió a relucir el tema", "se trató el tema", "hablamos de..."
Andar suelto como San Juan por sus viñas: expresión muy popular que indica que alguien vive sin que lo controlen ni dirijan.
Orangután: Los orangutanes son un género de grandes simios junto a los gorilas y chimpancés. Los orangutanes poseen largos brazos y pelo rojizo, a veces marrón. Los ejemplares machos llegan a pesar más de 120 kilos. Son nativos de Malasia e Indonesia.
Estar en siete sueños: estar tan profundamente dormido que nada es capaz de despertarlo.
Chufla: burla, guasa, broma.
Cernerse de miedo: temblar de miedo.
Pedir relaciones: expresión que indica que alguien solicita una relación de noviazgo.
Llorar como una magdalena: expresión que viene a indicar que alguien llora tanto como lo hiciera María Magdalena.
Cogerse a un clavo ardiendo: cuando alguien se acoge a lo que sea, sin importarle, con tal de conseguir algo.

                       
                     Izquierda: orangután    Derecha: curandera
        
                  
               Izquierda: chica con miedo   Derecha: chica con novio

             
                 Izquierda: velatorio      Derecha: noche de tormenta

lunes, 20 de febrero de 2012

EL SECRETO DE MARI


"Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse." (Baltasar Gracián)

A mi mentor y protector don Diego de la Caparrota. Mi querido señor don Diego, pasa el tiempo y no llegan  noticias de vuesa merced. Nosotros andaríamos anclados en la monotonía si no fuese porque, en llegando las fiestas de Carnaval, tórnase el ambiente en festivalero y desenvuelto, teniendo mucho de mundano, locuaz y descaradamente carnal. La sempiterna lucha entre la carne por imponer sus pasiones y el espíritu por reprimirlas, hácese presente en estas fechas más que en ningunas otras. Viniendo a cuento de esto, referirele  algo que me ruboriza, pero que sólo a vos seré capaz de contar. Aconteciome años atrás y fue en uno de los tantos acompañamientos que he hecho a mi tía Ana. Todo ocurrió en una visita que hiciéramos a una joven en Cuevas de Zújar  y que, en breve,  habría de partir hacia la Argentina. Fue ello con el fin de hacerle encomienda de un pequeño encargo para  entregar a una hermana en aquel país.
Una vez  llegamos al pueblecillo, dirigimosnos a una pequeña vivienda cueva en la que habitaba Lucía, -éste es  el nombre de la joven-, la cual  asombrose y alegrose, por igual, de nuestra llagada.  Pareciome la chica la  imagen misma de Venus, por su cuerpo divino, rostro de belleza incomparable, tez blanca, ojos negros como la broneta y  pelo castaño, ligeramente ondulado. Pienso que ni el mismo Praxiteles se atrevería a esculpir tal imagen, por ser inalcanzable. Debía andar por no más de unos veinte años. Mi tía es  conocida suya y amiga fue de sus padres, los cuales habían fallecido en Aragón, por más decir, en Zaragoza, según manifestó la joven. Ella había llegado a Zújar  por tener familiares en dicha localidad, pero era tan precaria su situación y tan desesperanzado su porvenir que tenía decidido emigrar con otros parientes al ya mencionado país de América.
Así que fueron los saludos, pasaron  ellas la tarde charlando de unas cosas y otras y, ya  avanzado el día, llegó un momento que jamás olvidaré y, de no ser efímero todo lo humano, habría querido fuese eterno. Sacó primero la joven  unos romances que en la lejilla de la cocina  había. Tomome luego en su regazo, y allí, en su halda, pegado a su pecho, con su resuello humedeciendo mi colodrillo, al ritmo lento del vaivén que su respiración producía en su vientre, fui leyendo, en voz alta, algunos de aquellos papeles. Pidíeronme  que lo hiciese por la enorme gracia que les producía el que, a  mi corta edad, imitase  a los romanceros. Mejor habría deseado hacerlo aun y que no hubiese llegado jamás el fin de aquella lectura, por el feliz  estado en el que encontrábame.  Suplicome  luego mi tía les recitara unas cancioncillas que ella  me había enseñado y que yo hice con mucho agrado y el  desparpajo que pude. Dicen así, don Diego:   
                                                                                       
            Niña, ya debes casarte                   Si usted me diera palabra
            que se te pasa el centeno,              de ser fino segador,
            que tienes una cañada                   entraría en mi cañada
            que yo de balde la siego.                segando a ras de terrón,
            Si quieres vengo mañana.              trigo, centeno y cebada.  
                                                                                                    
Con las mismas crecieron risas y vaivenes, siendo agasajado por los comentarios de ambas, pero fue lo más  importante para mí  aquel extraño sentir, jamás conocido y,  a fe mía, lujurioso, pues hervíame la sangre y era tan excitante que conmigo llevarelo hasta el final de mis días. Y no acabose todo en eso, pues sepa su merced que hubimos de dormir los tres en un pequeño catre, con colchón de perfolla, ya que otra cama  no había. Pusieronme en medio de ambas y confiésole  que no sé si dormí o sólo fue  un sueño lo mío. Abraceme a Lucía y soñaba flotar con ella más allá de los mares. Mi cuerpo temblaba, no sé si de emoción, de pasión o de fiebre, al contacto con el suyo, con su pecho, con su vientre, con sus piernas. Es esto pecado, ¿verdad, don Diego? Mi espíritu anda turbado por no saber si eludiré los rigores del  infierno, pues para mi abuela y para la religión no escapan de él aquellos a quienes cosas así acontecen. Dígame su merced lo que piensa y si habrelo de confesar, pues no sé si fue culpa lo mío, y ando llevando esta carga demasiado tiempo.  Suplícole me aclare esta duda que me confunde y perturba. A mi abuela no podría contarlo, pues su condena sería implacable. Para ella y para los curas sólo ésto es pecado y no tanto otras maldades que en el mundo se cometen.
Direle que así que llegó la mañana siguiente, debimos retornar. Era aquel día martes de  Carnaval y, en llegando a Albox, se apreciaba por doquier la algarabía de las máscaras, la música, las risas, las extravagancias y cómo en  el ambiente flotaban sensaciones y pasiones que en tan sólo unos días la Cuaresma curaría o, al menos, sí que aplacaría.  Somos humanos, mi señor. Nada tenga en cuenta a este su humilde servidor, ayúdele con su sabiduría y discreción a salir de la  tenebroso desconcierto en el que se halla,  y no deje de leer este bello romance con el que Lucía me obsequió.
Siempre suyo

El Candil de la Fuentecica

                                    EL SECRETO DE MARI

                       Sufrimiento de una joven que por salvar la honra de
                  su madre tiene que pasar por madre siendo virgen. 

                                 Pongan atención señores
                                 que les vamos a explicar
                                 el caso más admirable
                                 que soñó la humanidad.

                                 De una joven y su madre
                                 que vivían desahogadas
                                 porque el padre siempre estaba
                                 de viaje por el mar.

                                 Era capitán de un barco
                                 dedicado al bacalao
                                 y echaba largos meses
                                 por los mares alejado.

                                 La esposa que conservaba
                                 su juventud y su belleza
                                 un caballero muy rico
                                 por la mujer se interesaba
                                 y a fuerza de muchos golpes
                                 las piedras son quebrantadas.

                                 Esta mujer con el tiempo
                                 del amor y la vergüenza
                                 despierta su corazón
                                 y a su hija santa y buena
                                 así el caso le explicó.

                                 Ella con lágrimas le dice
                                 yo me voy a ir de aquí
                                 porque no quiero que mi vergüenza
                                 caiga en tu padre y en tí.

                                 Y la hija le contesta
                                 de mi lado no te irás
                                 que Dios como poderoso
                                 todo lo puede arreglar.

                                 Ya transcurrieron los meses
                                 y el 22 de septiembre
                                 tuvo un niño tan hermoso
                                 que daba gozo de verle.

                                 Cuando pasaron tres días
                                 que el niño en el mundo estaba
                                 recibieron la noticia
                                 de que su marido llegaba.

                                 Cuando tuvo la noticia
                                 esta madre con dolor
                                 con su hijo en brazos quiso
                                 tirarse por el balcón.

                                Pero le dice la hija
                                entra en el deber y el amor
                                yo diré que el niño es mío
                                y así se salvará tu honor.

                                Llegó el padre y vio al niño
                                en los brazos de su hija
                                al enterarse la echó
                                como una cosa maldita.

                                        Segunda parte

                                 Quiero que de aquí te vayas
                                 que me has echado un borrón
                                 has deshonrado mi casa
                                 y no mereces mi perdón.

                                 Y se marchó de su casa
                                 llevando al niño en los brazos
                                 con qué dolor pediría
                                 leche para alimentarlo.

                                 Y al enterarse su novio
                                 él también la maldecía
                                 siendo la joven tan virgen
                                 poco menos que María.

                                Transcurrieron varios días
                                de fatigas y dolor
                                y en la orilla de un camino
                                trastornada se quedó.

                                Al poco pasaba un coche
                                paró y los recogieron
                                al hospital provincial
                                a los dos me los metieron.

                                El niño lo alimentaron
                                y ella también mejoró
                                por obra de caridad
                                de enfermera se quedó.

                                Transcurrieron varios meses
                                un día una señora entraba
                                enferma de gravedad
                                que salvarla no contaban.

                                Pero al verla la enfermera
                                un grito al cielo exclamó
                                y la besaba diciendo
                                madre de mi corazón.

                                El padre estaba presente
                                el novio y varios amigos
                                viendo el cuadro de dolor
                                y de amor enternecido.

                                La pobre había enfermado
                                del mismo remordimiento
                                y todo lo descubrió
                                en los últimos momentos.

                                Decir donde está mi hijo
                                y la hija se lo entregó
                                y cuando lo había besado
                                le entregó su alma a Dios.

                                Le dijo el novio a su madre
                                yo me casaré con ella
                                que por salvar a su madre
                                ha pasado por mala ella.

                                 Nos llevaremos al niño
                                 y en nuestra casa se cría
                                 y le diremos que es el hijo
                                 del secreto de María.

                                               FIN

                         
Composición y letra de Francisco Martínez. 

GLOSARIO:
Vivienda cueva: en esta zona de Andalucía hay poblaciones que tenían y aún tienen viviendas excavadas en cerro o montaña.
Leja de la cocina: pequeña repisa que se suele situar sobre la cocina de la chimenea y en la que se colocan pequeños objetos, decorativos o domésticos.
Praxiteles:  (griego antiguo: Πραξιτέλης) de Atenas, hijo de Cefisodoto el Viejo. Fue el más renombrado escultor clásico ático del siglo IV a. C.
Broneta: es conocido en este lugar como color negro intenso. Aparece en la ley promulgada por las Cortes de Valladolid de 1258 así  "...que nengun escudero non traya peña blanca, nin calzas de escarlata, nin verde, nin broneta, nin pres, nin morete, nin lorange, nin rosada..."
Regazo: halda. Parte del cuerpo entre la cintura y las rodillas al estar sentada una persona
Halda: regazo de la persona
Resuello: aliento, respiración.
Colodrillo: Parte posterior e inferior de la cabeza. Zona del cuello junto a la nuca.
Desparpajo:  suma facilidad y desenvoltura en el habla o en el comportamientro.
De balde: hacer algo totalmente gratis.
A ras de terrón: a ras de suelo. Junto al suelo, pegado al suelo.
Lujurioso: lascivo, concupiscente, ardiente, erótico.
Catre: Cama estrecha y ligera, en general para una sola persona. Solía tener patas de madera y el somier era de trenzado de soga de esparto o algún otro material.
Colchón de perfolla: hoja seca que envuelve la panocha o mazorca del maíz o panizo. Solía usarse como relleno de colchón.
Algarabía:  griterío confuso de varias personas que hablan a un tiempo. Palabra cuya etimología se relaciona con el árabe "al‑ arabiyya", que, en principio significó "lengua árabe"
Echar un borrón: aquí aparece con el significado de echar una mancha o deshonra en la familia.

                      
                       Izquierda: viviendas-cueva.   Derecha: mujer con niño en el halda
     
                  
                            Izquierda: cocina-chimenea con leja   Derecha: imagen de carnaval
  
                  
                                   Izquierda: catre      Derecha: imagen de don Carnal y doña Cuaresma